Catedrales
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VITORIA. LAS COLEGIATAS DEL NORTE
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gracias que se cebaron modernamente con la capital cántabra —la explosión en 1893
del Cabo Machichaco, un barco cargado de dinamita y ácido sulfúrico que estaba ama-rrado en el puerto, y el incendio de 1941, que arrasó toda la puebla vieja—, cobran aún mayor relevancia las fuentes gráficas, los antiguos planos y panorámicas de la ciudad. Del siglo XVI provienen dos extraordinarios documentos: la vista aérea que aparece en el grabado de Hogenberg, perteneciente a la magna colección de ciudades del Civitates Urbis Terrarum, y un maravilloso apunte del natural, conservado en el Museo de la Marina de Amsterdam. Ante este último, atribuido a Joris Hoefnagel, podemos imaginar al dibujante apoyado en la base de la grúa de madera que se erigía sobre la punta del malecón, un punto de vista privilegiado desde el cual se apreciaba la potencia de las murallas en las que rompían las olas y, sobre ellas, como una verdadera acrópolis encaramada al cerro de Somorrostro, el altivo conjunto formado por el castillo y la colegiata, continuado hacia el oeste por la cresta natural donde se asentó la calle Alta.
Bajando desde esta venerable calle —que fue una de las pocas que se libraron del fuego y que todavía hoy hace honor a su nombre— y sin dejar de apreciar los hermosos trazos de los barrios decimonónicos que sobrevivieron a los desastres mencio-Santander en el siglo XVI,
a partir de Hoefnagel.