Catedrales
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CATEDRALES
Interior de la capilla del Condestable.
BURGOS. UNA HISTORIA DEL GÓTICO
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La capilla del Condestable fue muy imitada, entre otros por los hijos de los fundadores, que abandonaron en ella el bloque de jaspe destinado a su cenotafio y prefi-rieron crear su propia capilla en el convento de Santa Clara de Medina de Pomar. En Burgos hay réplicas en la iglesia de San Gil y en la propia catedral, donde el canónigo Gonzalo Díez de Lerma pretendió emularla en la capilla de la Presentación.Ambas capillas catedralicias atesoran pinturas singulares traídas de Italia: si la del Condestable guarda una Magdalena que antiguamente se atribuía al mismísimo Leonardo, la de la Presentación tiene en el altar una Madonna monumental de Sebastiano del Piombo, amigo y seguidor de Miguel Ángel.
Gentes como los Velasco o los Mendoza pretendían perpetuarse en los terrenos económico y político, aunque los siglos pasan y al final sólo el arte ha quedado. Hoy que disfrutamos de estas capillas como obras de arte, maravillas del genio de sus artífices y de la munificencia de sus promotores, podríamos volvernos hacia las fortunas que nos rodean y preguntarnos si el acaparamiento actual de riquezas ofrece alguna compensación. El lujo siempre tiene una base de inmoralidad, aunque los mismos evangelios lo justifican mediante el episodio de la mujer que vuelca un caro perfume sobre la cabeza de Cristo. Quizá la respuesta está en que el dispendio encuentra cierto sentido cuando contribuye al progreso de las técnicas (¿hay algo más caro que las exploraciones astronómicas?) y las artes y, transcurrido el tiempo, sus huellas materiales se convierten en patrimonio común. A la luz de las obras promovidas por los antiguos poderosos, llámense Velasco o Médici, quizá entendamos algo más sobre la pobre naturaleza de quienes hoy acaparan y especulan sin producir a cambio nada permanente ni valioso.
LOS DISCÍPULOS DE BIGARNY
La potenciación del altar mayor es algo que empieza a desarrollarse desde finales de la Edad Media, cuando los retablos adquieren el enorme tamaño que a partir de ese momento los caracteriza. Para alojar el retablo mayor, era necesario modificar el aspecto del altar; como en Ávila, la antigua diafanidad del presbiterio burgalés se trocó en una concavidad acotada, a la manera de una gran hornacina, cuando se cerraron los arcos que lo comunicaban con la girola. El tapiado de los arcos fue encomendado a Simón de Colonia, quien recomendó a un escultor nacido en Borgoña, Felipe Bigarny, para que se ocupase de los relieves y estatuas que debían ornar el nuevo cerramiento. El formidable relieve del Camino del Calvario, tallado entre el verano de