Catedrales
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GRANADA. LA CIUDAD TRANSMUTADA 211
rizado por una caótica red de callejuelas retorcidas y carente de plazas, pues lo que aflora por la labor de los arqueólogos son calles rectilíneas y ordenadas, trazadas ex novo en época califal.Algo parecido, aunque no tan radical, cabe referir si analizamos la antigua medina granadina. No hay calles rectas, pero sí una serie de vías regulares que ordenan el laberinto: las actuales Elvira y Zacatín se cruzaban conectando en escuadra las dos puertas principales de la ciudad, Elvira y Bibarrambla; el lateral de la mezquita mayor estaba enfilado con el acceso al mercado de tejidos preciosos —la alcaicería— y con el puente nuevo que, atravesando el Darro, conducía a la escenográfica entrada a la Alhóndiga nueva, hoy conocida como Corral del Carbón; la actual plaza de Bibarrambla ya estaba configurada, y había otra plazuela ante la fachada, seguramente suntuosa, de la madrasa o universidad islámica.
La medina de Granada era un barrio donde se situaban viviendas palaciegas y populares, donde se erigía desde el siglo XI la mezquita mayor o aljama y donde se concentraba la actividad comercial de la ciudad. La plaza de Bibarrambla era un espacio de mercado abierto. Junto a ella estaba la alcaicería, donde se vendían mercancías valiosas —telas, luego también joyas— y que por ello poseía recinto propio, con puertas que se cerraban por la noche. Los comerciantes y viajeros extranjeros se alojaban en alhóndigas que les servían de hospedaje y de almacén para sus mercancías, y hay referencias de al menos tres de estos edificios en el entorno de la mezquita aljama: una alhóndiga de genoveses frente a la actual puerta del Perdón de la catedral, otra llamada Zaida, en el Zacatín, y el hoy conocido como Corral del Carbón. Este último edificio, en origen alhóndiga Nueva o al-Yadida, es la única construcción de su tipo conservada en España y constituye en la actualidad, tras haber sido salvada de su segura desaparición por Leopoldo Torres Balbás, una valiosísima reliquia de esa Granada anterior a la conquista cristiana. Por su parte, la madrasa o escuela coránica se asociaba apropia-damente con la mezquita principal, tras la que discurría una calle recta que, por estar atravesada por un buen número de ellos, era denominada calle de los Arquillos.
Allí, junto al Zacatín, pegado a los viejos muros de la mezquita, recibió el viejo maestro Enrique Egas la orden de abrir las zanjas para la cimentación de la capilla, previa a la propia catedral, que habría de alojar las tumbas de los nuevos reyes cristianos.
LA CAPILLA REAL
Enrique Egas, que por entonces estaba a cargo de las obras de terminación de la catedral de Toledo, era un maestro curtido en una forma de construir de tradición gó-