Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 411 de 766

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CATEDRALES

los salientes de piedra que se dejaban en las obras de construcción a la espera de que, una vez acabado el edificio, se subiesen los tallistas y los escultores a los andamios para darles forma. Pocas cosas hay más ilustrativas que comparar las pilastras de los contrafuertes de la portada de Juan de Álava y las de esta otra que ahora describimos: las formas generales son las mismas, pero en una los detalles ornamentales y escultóricos están labrados, mientras que en la otra permanecen sin tocar, o apenas esboza-dos, los bloques de piedra destinados a contenerlos.

¿Cuál es el motivo de que se colocasen sin labrar estos bloques, en vez de tallar-los antes de su puesta en obra? La razón es de tipo práctico: el ritmo de trabajo de los escultores es siempre más lento que el de los canteros, y estos últimos no podían estar deteniendo continuamente el proceso de construcción para esperar a que aquellos finalizasen sus capiteles, medallones y relieves. Por tanto, lo mejor era prever en la obra las piezas emergentes necesarias (los sólidos capaces) para que, una vez finalizada la construcción, los tallistas se subiesen a los andamios para, ya sin prisa, acometer su labor. Este método se combinaba a veces con

la labra anterior a la colocación, pero las abundantes muestras que quedan de relieves y motivos sin tallar en monumentos de todo tiempo y lugar certifican que la talla escultórica in situ estaba muy generalizada.

La arquitectura, o, mejor dicho, la construc-

ción, también tiene su hueco docente en el tem-

plo placentino. La propia imagen del templo inacabado es una lección magistral acerca del reto que suponía la erección de una gran catedral,

pero su estado nos ofrece además detalles jugo-

sos. Resultan muy llamativas las llamadas «adarajas», que en realidad son las costuras por las que deberían acoplarse las diferentes fases de la obra.

Cuando esta se ha concluido pueden rastrearse

tales costuras observando detenidamente el

muro, como hicimos en Gerona, pero en Plasen-

cia se ofrecen en toda su evidencia, a modo de

cremalleras de piedra desprovistas de una de sus filas dentadas. En medio de esos muros, abiertos Comparación entre pilastras,

sin tallar y tallada.

como llagas petrificadas, se ve también en ocasio-