Catedrales
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CATEDRALES
vado. Pero el conjunto que se ha recuperado en el brazo sur del crucero parece tener otra significación, más allá de que el lugar esté también cuajado de sepulcros. Ante una arquitectura tan cuidadosamente pintada, apenas nos caben dudas acerca de la intención escenográfica que tendría el crucero cuando todavía no existiese la catedral nueva. A la vista de la planta, todos los estudiosos señalan que el templo renacentista hizo desaparecer el muro norte de la románica y parte del ábside lateral; pero lo que se indica con menos frecuencia es que, con toda probabilidad, en ese lado se encontraba la portada principal de la catedral vieja, abierta hacia la antigua plaza del Mercado.
Esa hipotética portada, cuya existencia podría confirmarse mediante una excavación arqueológica, dotaría de su verdadero efecto a las pinturas murales recuperadas en el crucero, que estarían concebidas para ser vistas de frente, imponiéndose al espectador que accediese al templo por esa portada desaparecida. De hecho, el acceso desde la catedral nueva a la vieja siguió haciéndose a través del crucero de esta última, aunque se cegó y se cambió por la escalinata actual, instalada en la nave lateral, en el siglo pasado. No obstante, si nos situamos en el extremo norte del transepto, de espaldas al moderno sepulcro del obispo Francisco Barbado, podremos recrear mentalmente la impresión que causaría el crucero catedralicio, con su cuidada bóveda y sus pinturas, a quien siglos atrás accediese al templo románico tras franquear la puerta abierta a la abigarrada plaza que lo antecedía.
Visión hipotética de la catedral vieja desde la plaza del Mercado, antes de la construcción de la nueva.