Catedrales
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CATEDRALES
La catedral de Toledo comparte con el asiento granítico de la ciudad la naturaleza de objeto arrojado a un medio extraño. Es una iglesia gótica prendida en medio de una telaraña de callejuelas islámicas, un inmenso edificio de piedra que nació y creció rodeado por multitud de construcciones pequeñas realizadas con ladrillo y madera.
LA PRIMERA CAPITAL CRISTIANA
En fechas muy recientes, la presión ciudadana y de algunas instituciones y expertos lograron detener un plan masivo de edificación, que preveía la recalificación de los terrenos fértiles y llanos de la vega que precede a la ciudad amurallada para construir sobre ella los viales, centros comerciales y bloques de pisos que definen invariablemente el urbanismo actual.Aunque el valor paisajístico de la vega toledana y su imposible di-sociación de la ciudad histórica hubiesen constituido argumentos de peso suficiente, la arqueología prestó una ayuda fundamental para esquivar ese primer embate especulativo: durante las preceptivas excavaciones salieron a la luz los fundamentos de la ciudad visigoda, capital peninsular durante los siglos VI y VII. Lo que algún periodista consideró en su momento como la «última batalla ganada por los visigodos» (con demasiado optimismo, pues la amenaza sigue vigente) vino a constatar una antigua sospecha: al igual que en el período imperial romano, la Toledo visigoda no estaba sólo enclavada en el lugar de la ciudad histórica actual, sino también en la vega. En la roca amurallada se ubicarían, sobre todo, ciertos edificios militares y representativos, y uno de estos últimos sería, con toda probabilidad, la primitiva catedral.
No hay datos de cómo pudo ser la catedral visigoda de Toledo —aparte de alguna exploración bajo el actual templo gótico que le atribuye una planta de cruz griega—, aunque el carácter capitalino de la ciudad en el territorio hispánico permite suponer que se trataría de un edificio magnífico, quizás el más ambicioso de cuantos se construyeran en esos siglos previos a la invasión musulmana. Pero la arquitectura visigoda debemos imaginarla a partir de escasos restos, de elementos ornamentados, conservados fuera de contexto, y de unas pocas iglesias que, gracias a su situación en lugares apartados, se salvaron de la destrucción posterior y del pillaje de sus materiales.Algunas de estas iglesias se encuentran en la actual provincia toledana; en la más notable de ellas, Santa María de Melque, se advierte el intento de compaginar formas cristianas, como la planta en cruz, con recuerdos evidentes de la anterior arquitectura romana. Los visigodos reaprovecharían sin duda en Toledo materiales ro-