Catedrales
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SALAMANCA. VIDAS PARALELAS
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de los dos lados del coro tenía asignado el comienzo del canto, un papel que iba alternándose periódicamente.
El órgano renacentista antes citado, que conserva las puertas pintadas, no es lo único reaprovechado que hay en el coro barroco. En el trascoro pueden contemplarse dos estatuas, pequeñas en tamaño y gigantescas en categoría artística. Su procedencia es incierta, pero su autoría está fuera de toda duda: son dos obras maestras del gran Juan de Juni. La más notable es la de la izquierda, con santa Ana enseñando a leer a la Virgen, una escena que muchos artistas, por ejemplo Murillo, han representado de forma naturalista y doméstica. Juni, al contrario, la transforma en una imagen apasionada y heroica, que resuena mucho
más allá de su primera función —la ilus-
tración de un episodio de historia sagra-
da— para convertirse en un emblema uni-
versal de la transmisión del saber. La mujer
y la niña parecen estar a punto de ser
arrastradas por un huracán, como si se en-
contrasen en la cumbre de una montaña.
La madre tiene los rasgos prematuramente
envejecidos de las mujeres antiguas, y la
niña se ve envuelta por el cuerpo colosal
de la madre en esa agitación física y men-
tal que hace visible, mucho mejor que las
actitudes aleccionadoras al uso, el temblor
inquieto que une la voluntad de enseñar y
el deseo de aprender.
LAS PORTADAS
La catedral nueva, a falta de retablo mayor,
tiene una de las fachadas-retablo más fas-
tuosas que podamos encontrar, hecha por
Juan Gil de Hontañón y terminada por su
hijo Rodrigo Gil. A escala monumental,
vemos en ella una representación de la
transmisión de conocimientos que resumía
Santa Ana enseñando a leer a la Virgen.