Catedrales
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CATEDRALES
función en el templo reformado. Nada queda hoy de aquella pieza única, pero su existencia es la primera de una serie de sutiles coincidencias entre el desaparecido templo islámico y la catedral que habría de sustituirlo. Sólo habría que preguntarse si algún día el mihrab aparecerá en una prospección arqueológica o si, más bien, su alabastro pudo ser reaprovechado en algunos de los retablos y tumbas que siglos después irían enriqueciendo la catedral cristiana.
PIEDRA DE IMPORTACIÓN
Como en las ciudades de la extremadura castellana a las que nos hemos referido repetidamente, la conquista de Zaragoza por los cristianos a comienzos del siglo XII vinculó el proyecto de construcción de la seo y de la vecina iglesia del Pilar (de la que sólo queda un tímpano de piedra) con las formas románicas, a las que el reino de Aragón estaba unido desde su misma fundación, a finales de la centuria anterior.
En la Zaragoza recién conquistada, durante varios decenios sirvió como catedral la mezquita remozada. Entre finales del siglo XII y principios del XIII se llevaron a cabo en ella importantes obras de construcción y decoración, que llegaron a conformar en el lugar una especie de catedral románica en la que seguían perviviendo, reaprovechados, muchos elementos del viejo templo musulmán. En realidad, de esta primera catedral sólo debieron de hacerse con cierto ánimo de pervivencia una portada a los pies, de la que se han encontrado en las excavaciones los cimientos y algunas esculturas, y los ábsides que aún hoy se conservan.
Las obras de la catedral románica se interrumpieron en el siglo XIII, cuando la toma de Valencia provocó una honda crisis entre la nobleza aragonesa, que había cos-teado esa conquista sin recibir luego los dividendos esperados. La seo había sido hasta ese obligado parón un edificio promovido con grandes medios, en el que se habían empleado piedras labradas, que por fuerza habría que acarrear desde grandes distancias y en las que, por añadidura, se hacía gala de una rica labor escultórica. Para apreciar lo que pudo significar el uso de piedra importada en la Zaragoza medieval, con-vendría que hiciésemos un viaje, de norte a sur, por la comarca zaragozana de las Cinco Villas, que en su límite septentrional linda con Navarra. En las poblaciones situadas más al norte (Sos, Uncastillo y Sádaba), la piedra aparece por todas partes —de hecho, sigue extrayéndose en abundancia en nuestros días— y con ella se construyeron los castillos, los palacios, las iglesias y también las casas más sencillas; en Ejea de los Caballeros, más al sur, la piedra se reserva para las construcciones principales, y las