Catedrales
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CATEDRALES
Junto a la sacristía mayor —donde se ex-
hiben la mayor parte de las pinturas y a cuya
arquitectura nos referiremos en el siguiente
apartado— hay una saleta dedicada a la exposi-
ción de ropas litúrgicas, que, como podrá su-
ponerse, reúne una colección excepcional, pro-
pia del vestuario de los «príncipes» eclesiales de la catedral primada de España. Lo que más nos
gusta es observar, junto a piezas tan soberbias como las capas de los cardenales Mendoza y
Cisneros, unas pinturas costumbristas que
adornan la estancia con representaciones, cho-
cantes en la catedral, de niños jugando a la
peonza y al tradicional juego del «burro», sal-
San Lucas, patrón de los pintores,
según el Greco.
tando unos sobre las espaldas de otros. El desti-no ha ido a juntar en ese lugar dos extremos, la grave solemnidad que acompañaba a los más poderosos hombres de religión y el de-senfado inocente de los juegos infantiles.
UNA BÓVEDA PARA EL FRESCO
Es bien sabido que el Greco llegó a España, como tantos otros artistas de su tiempo, con la esperanza de que Felipe II lo añadiese al plantel de pintores y escultores que se dedicaban al exorno del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Según parece, el Greco vino además por otra razón: su estancia en Italia se había tornado incómoda tras criticar los frescos de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, que para los artistas italianos constituían un súmmum intocable. Quizá lo que más molestó allí fue su tono insolente, de una inmodestia casi insoportable, pues se atrevió a afirmar que, de des-truirse la creación miguelangelesca, él podría hacerla mejor.Ya en España, el rey apre-ció su Martirio de san Mauricio, que en la actualidad sigue en El Escorial, pero no quiso contar más con sus servicios. Siempre hemos pensado que se perdió entonces la oportunidad de redondear la gran empresa escurialense durante el siglo XVI, que si alcanzó la cumbre con la arquitectura de Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera y con la escultura de Benvenuto Cellini y los Leoni, en pintura cayó en manos de un grupo de pintores italianos bastante mediocres. Si las bóvedas y muros del claustro o