Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 171 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

Nuestro objetivo no es hacer una relación detallada de cada obra y cada retablo, por lo que nos limitaremos a llamar la atención del lector sobre tres piezas magistrales, esculturas todas ellas. Una es la estatua yacente de la condesa Hermesindis, hecha en el siglo XIV y, por tanto, doscientos años más tarde de su muerte, que hoy se exhibe sobre una horrible base de cristal ahumado. Es obra de Guillem Morei, quien también trabajó en Palma de Mallorca. El rostro de la condesa, idealizado como corresponde a una efigie simbólica de alguien cuyas facciones desconocía el escultor, tiene las formas tan depuradas como si se tratase de un antecedente de las pulimentadas cabecitas marmóreas de Constantin Brancusi.

La siguiente escultura se muestra en el museo de la catedral, y es aquella que por tradición se denomina Carlomagno. Sin embargo, la estatua no debe de representar al antiguo rey germánico, sino a un monarca contemporáneo del escultor: Pedro IV de Aragón, llamado el Ceremonioso. Este rey, muy aficionado a las artes y a la arquitectura, tiene el honor de ser el autor del primer elogio de la acrópolis de Atenas desde el final del mundo antiguo. Debido a la expansión de los catalanes por el Mediterráneo, hubo un momento en el que el alcaide del «castillo» de Atenas (la acrópolis) pidió al monarca refuerzos para protegerlo, y el rey se los envió gustoso, apoyando su aprobación en que dicho castillo era la mayor maravilla que había en el mundo, de tal calibre que ningún rey cristiano —y él lo sabía bien, pues era rey cristiano y aficionado a la arquitectura— sería capaz de igualarla.

Si las dos anteriores eran del siglo XIV, la última escultura a la que nos referiremos es ya renacentista, del siglo XVI. Se trata del sepulcro del obispo Guillem Boïl, con la figura del prelado contorsionada en una postura insólita, que no se sabe si es de reflexión, de sueño atormentado o de dolor. Lo más probable, sin embargo, es que el visitante interesado deba conformarse con ver esta obra en algún libro, pues se encuentra vedada incomprensiblemente tras una reja, compartiendo su encierro con el singular monumento de la Dormición de la Virgen. Este tipo de monumentos, del que hay otro ejemplar notable en la catedral de Palma, estaba concebido para representaciones litúrgicas que hoy se han perdido.

ESPACIO VACÍO

Imaginemos que el templo de Zeus en Olimpia no es un montón de ruinas, sino un edificio que hubiese llegado íntegro hasta nosotros; supongamos que hubiese sido respetado por los fanáticos que lo incendiaron y que no hubieran hecho mella en él