Catedrales
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CÓRDOBA. CIRUGÍA E HISTORIA
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Zancarrón, una palabra que, según el Diccionario de la RAE, no define nada que sea grato: hueso grande y descarnado; hombre flaco, viejo, feo y desaseado; y, para rematar, el que enseña ciencias y artes sin saber de ellas. El motivo de que el espacio más hermoso de la mezquita recibiese por los cristianos una denominación tan despecti-va se debe a una tradición, según la cual en esa parte de la aljama cordobesa se guardaba, como reliquia, un hueso del brazo de Mahoma.
Cúpula que precede al mihrab.
La maravillosa cúpula califal que cubría la vieja capilla de San Pedro o del Zancarrón se encontraba, a finales del siglo XVIII, a punto de derrumbarse. Aquí entra en escena Baltasar Devreton, un ingeniero al que habría que hacer un homenaje como pionero de la conservación monumental. Él fue quien reforzó el alminar de la mezquita, muy dañado por el terremoto de Lisboa, y lo mismo hizo luego con la torre de la catedral de Salamanca.Además, su talento como tracista y arquitecto quedó reflejado en un retablo de la mezquita, el de Santa Inés, y en la iglesia de la Victoria, que es uno de los monumentos más sobresalientes de Córdoba. Entre 1771 y 1772 se ocupó Devreton de consolidar la cúpula del mihrab, ateniéndose a normas, dictadas por el cabildo, que dos siglos y medio después siguen resultando intachables: se dice en ellas que el ingeniero está obligado a conservar «una capilla tan principal y antigua […] en todo y sus partes […] sin que se alterase ni mudase cosa alguna […] de modo que