Catedrales
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CATEDRALES
LAS RESTAURACIONES
En la misma década en la que se daba por concluida la catedral nueva, el arquitecto Manuel Lorente dirigió la restauración de la antigua iglesia de Santa María de Vitoria.
Entre una cosa y la otra,Vitoria se encontraba en los años sesenta, mientras el resto de España se entregaba al más despiadado desarrollismo, sumida en una auténtica fiebre goticista: se terminaba una catedral iniciada pocas décadas atrás, se inventaban bastiones y murallas y se intervenía en la catedral vieja de Santa María, inventando para ella nuevos ventanales y rosetones para hacerla parecer más gótica de lo que ya era. Cuando los ecos de la restauración estilística que defendió en el siglo XIX Viollet le Duc estaban más que apagados, Lorente parecía todavía empeñado en enmendar la historia, añadiendo al templo vitoriano todo lo que a su juicio le faltaba… y quitando lo que le sobraba. Fue él quien eliminó los «arcos del miedo» con la excusa de que obstruían las perspectivas interiores, o sea, el mismo argumento que ha llevado a la destrucción de tantos coros catedralicios; la función que hacían estos arcos tuvo que ser encomendada a unos tirantes metálicos colocados en las naves menores. Concentrado en la dimensión estética del templo, Lorente no solucionó sus problemas estructurales, sino que en todo caso los agudizó. Su trabajo sirvió al menos para rescatar la portada sur, que permanecía oculta por el contrafuerte construido un siglo antes, pero hasta esa operación acarreó consecuencias negativas para la delicada salud del edificio medieval.
Así pues, la catedral de Vitoria llegó al final del siglo XX en un estado calamito-so. Olvidada por los aficionados al arte y relegada a un barrio deprimido, el templo languidecía, y hubo al fin que cerrarla al público por el peligro que seguía suponiendo su frágil estructura. Sólo el magnífico pórtico parecía seguir teniendo utilidad, pero no por su riqueza escultórica, sino por convertirse temporalmente en un su-brepticio aparcamiento de vehículos.
Todo lo narrado puede dar una idea de la dimensión adquirida por las obras que a día de hoy siguen estando en marcha. Desde hace unos años, la catedral está siendo objeto de una intervención sin precedentes, que ha pretendido afrontar sus problemas de forma global. Esto ha llevado a crear una fundación, encargada de gestionar los trabajos, el régimen de visitas y, de acuerdo con la Iglesia, los usos futuros.
Es imposible que en estas páginas describamos con detalle los múltiples aspectos de dicha restauración, pues deberíamos entonces dedicar a ella todo el capítulo; además, una parte muy importante del ideario de la intervención es darla a conocer en todo momento, utilizando la divulgación como medio para implicar en ella a vitorianos y visitantes. Mientras prosiguen, las obras se han convertido en un espectáculo en sí