Catedrales
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SANTO DOMINGO DE LA CALZADA. LA CATEDRAL DEL «PONTÍFICE»
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capítulo, una especie de san-
tuario con entidad propia en
el interior de la catedral; un
espacio amplio y diáfano, in-
mediato a la puerta principal
de la catedral. Esta suerte de
«templo dentro del templo»
estaba destinado a acoger a los
numerosos peregrinos que vi-
sitaban el sepulcro de santo
Domingo, que centraba el lu-
gar, y alrededor del cual se
dispusieron los elementos y
reliquias (gallinero, hoz, ma-
dero de la horca…) que da-
ban fe de sus milagros. Ade-
más, aunque el espacio fuese
hondamente renovado, quería
dejarse clara la voluntad de
proseguir y acrecentar anti-
guas tradiciones, subrayada
por la incorporación e inclu-
so restauración (el citado de-
rrumbe provocó muchos des-
perfectos) de elementos más
antiguos. Por eso, en la parte
Detalle de la Anunciación.
reconstruida mantuvieron su
papel la efigie yacente de san-
to Domingo, el sepulcro del siglo XV donde se asienta, el baldaquino que lo cobija
—que recuerda mucho al levantado para honrar al discípulo predilecto de Domingo en San Juan de Ortega— y, enfrente, el famoso gallinero.
Si esa parte del templo estaba consagrada específicamente al culto del santo, la nave mayor debía acoger el obligado conjunto, inherente a toda catedral, de altar mayor y coro. El coro se instaló al principio en alto, una disposición más propia de conventos y monasterios que de catedrales, aunque ya hemos visto un ejemplo primitivo de esta disposición en Jaca. La situación alta del coro debía de resultar incómoda