Catedrales
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VALENCIA. LA CONTENCIÓN Y EL GESTO
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que en lo que toca a los adornos «antes
tiene falta que sobra» y que además es
«baja de techo, lo cual desagrada no
poco». Don Antonio concluye su escasa-
mente entusiasta descripción con la espe-
ranzada noticia de que el cabildo piensa
renovar la catedral, «levantándola de te-
cho y adornándola toda conforme a la
mejor arquitectura».
Cuando Ponz estuvo en Valencia,
hacía poco que se había fundado en la
ciudad la Real Academia de Bellas Artes
de San Carlos, la cual, como todas las rea-
les academias coetáneas, estaba destinada
por la Corona a convertirse, disueltos los
antiguos gremios, en el lugar de forma-
ción de los nuevos artistas, así como en el
organismo sancionador de lo que se de-
bía o no hacer en las artes plásticas. Re-
frendada por el juicio de Ponz, secretario
Antonio Ponz.
de la Real Academia de San Fernando en
Madrid, la reforma de la catedral vino a
ser una prueba de fuerza de los académicos valencianos, que de acuerdo con el cabildo habrían de convertir el interior del principal templo de la ciudad (y, si hubiesen tenido ocasión, también el exterior) en un espejo del «verdadero arte».
Ya a finales del siglo XVII se había revestido con aplacados de piedras nobles y con estucos la antigua capilla mayor, una obra notable pero que dejaba ocultos, entre otras cosas, los extraordinarios frescos renacentistas hoy descubiertos. El estuco y el yeso permiten transformar la arquitectura de modo rápido y barato, como muy bien sabían los reyes nazaríes, quienes lograron en la Alhambra ambientes fastuosos haciendo uso de materiales humildes. Cuando, a partir de 1774, el arquitecto Antonio Gilabert comenzó en la catedral de Valencia la reforma soñada por Ponz, la obra tuvo dos partes de muy diferente calado: por un lado, se derribaron casi todas las capillas laterales, haciendo en su lugar otras bajo un diseño homogéneo que consistía en una planta cuadrangular cubierta por una cúpula; por otro, el resto de las capillas y las propias naves catedralicias se revistieron simplemente con un ropaje clasicista, sobre-