Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 529 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

Por último, conviene no olvidar que en época moderna los claustros medievales han acusado aún más su sobrevenido carácter viajero. Otro claustro segoviano, el del monasterio cisterciense de Sacramenia, es hoy presentado en los folletos turísticos de Miami, donde sirve para la celebración de bodas, como el monumento más antiguo de Estados Unidos; y son los claustros románicos expoliados de Francia y de Italia los que dan nombre a The Cloisters, el inaudito museo por el que muchas piedras labradas en la Europa medieval han acabado mirando, desde el extremo norte de Man-hattan, a las riberas neoyorquinas del río Hudson.

MAESTRO RODRIGO GIL

En el arte español son frecuentes las relaciones familiares, que a veces adquieren el carácter de una auténtica estirpe, como la de los Sagrera en Mallorca, pero que suelen quedarse en dos o tres representantes de otras tantas generaciones que van heredan-do el oficio de los padres. Uno de los casos más conocidos es el de Juan Gil y su hijo Rodrigo Gil de Hontañón, quien no sólo recogería el testigo profesional, sino que en ocasiones heredó la maestría que hasta su muerte había pertenecido a su progenitor.

Ya hemos referido que Juan Gil apenas sobrevivió un año tras comenzarse la nueva catedral de Segovia, por lo que la dirección de las obras recayó en manos de su hijo y homónimo Juan el Mozo y, poco después, en las de Rodrigo Gil, nacido en 1500 en Rascafría, un pueblo del valle del Lozoya que pertenecía a Segovia pero que hoy queda dentro de la provincia de Madrid. La familia procedía de Cantabria, de la zona de Rasines, donde debían de poseer algún rango señorial (cosa no infrecuente en esos pagos) que les hacía tener torre y escudo de armas. El origen cántabro engarza también con las raíces trasmeranas tan comunes entre los canteros y arquitectos españoles de los siglos XVI al XVIII, un período en el que las montañas norteñas apro-visionaron de abundantes y expertos profesionales de la piedra para las construcciones que con ese material se llevaban a cabo en todo el país.

Rodrigo representa además otra frontera con respecto a su padre y maestro, ya apuntada al hablar de la fachada que ambos construyeron en Salamanca: mientras Juan era analfabeto, Rodrigo Gil fue hombre instruido, que poseía biblioteca y que llegó a escribir un tratado que constituye, como afirma John Hoag, uno de sus más valiosos legados. El tratado nos ha llegado gracias a una copia, llamada Compendio de architectura y simetría de los templos, que un arquitecto salmantino, Simón García, hizo a finales del siglo XVII. Las explicaciones de Rodrigo tienen una importancia inmensa, pues