Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 248 de 766

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CATEDRALES

villa entonces musulmana, de las reliquias de san Isidoro; algunas escenas de su vida se narran en uno de los tímpanos. Por su parte, las dos portadas del lateral norte miran hacia el claustro. La principal de ellas, que incluye la famosa Virgen del Dado, ha conservado, por estar a cubierto, el aspecto polícromo original, renovado a principios del siglo XVI por León Picardo.

Pero la que merece atención especial es la triple portada principal, situada a los pies del templo. No vamos a detenernos en su iconografía ni en los distintos maestros que pusieron sus manos en ella, aspectos estudiados por Ángela Franco, aunque sí in-vitaremos al lector a fijarse en los detalles, en especial la representación de los justos y los condenados en el dintel central, donde la caótica caída de los pecadores en los peroles del infierno contrasta con el ambiente alegre y amistoso del grupo de «los justos», que, como en el poema de Borges de ese nombre, no se dedican al rezo ni tienen actitudes heroicas, sino que sonríen, se abrazan, conversan o interpretan música.

Lo que se ve en este relieve es, por tanto, una defensa de los valores cívicos y de fructífera convivencia que la propia ciudad, y la catedral como máximo símbolo de ella, representaban para el hombre medieval. Paul Williamson ha escrito que este relieve

«se puede considerar de forma justificada la representación más extraordinaria de esta escena particular del arte medieval». Nada más hay que añadir, salvo que conviene también atender a los abundantes restos originales de color distribuidos por los rincones de las portadas que se encuentran más a resguardo de la intemperie.

Lo que sí queremos destacar son algunos aspectos menos conocidos de esta triple portada, relacionados con su posible funcionalidad. La cubrición que ofrecen los accesos a la catedral, similar a la de las portadas laterales de Chartres, no se limita aquí al habitual vuelo de las arquivoltas, sino que está ampliada por bóvedas que avanzan un buen trecho hacia la calle. Para Chartres,Thierry Soulard ha señalado que son las portadas del crucero las dedicadas expresamente a los fieles, y que su forma tiene que ver con su situación ante espacios importantes de la ciudad, mientras que la famosa portada real, situada a los pies, no se dirigía hacia ninguna vía importante, sino hacia las casas y dependencias del cabildo.

¿Cuál puede ser el sentido de esta disposición en la catedral leonesa, más allá de que contribuye a la conservación de las portadas? Si sólo fuera por eso, ¿por qué no se haría ese mismo soportal abovedado en las otras? ¿No tendría tal protección alguna función específica, hoy perdida? Podemos empezar a imaginar el distinto aspecto que tendrían estas portadas cuando fuesen usadas, al igual que sucedía en las catedrales de Santiago o Sigüenza, como lugar para impartir justicia. Aún podemos ver dos elementos que recuerdan aquella función: la antigua columna incrustada en un pilar