Catedrales
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CATEDRALES
poco en la Edad Media. Hasta un siglo después de iniciarse la construcción del templo no consiguió el cabildo disponer una gran planicie ante su fachada principal, una amplia lonja elevada a la que se accede por escalinatas y monumentalizada con remates, balaustradas y leones heráldicos. Esa plaza habría de ser bautizada como «el Enlosado» cuando, ya en el siglo XVIII, se llevaran a ella las lápidas que cubrían el suelo de la catedral, renovado entonces con el pavimento de pulimentadas losas rojas, blancas y negras que todavía se conserva.
La catedral habría de erigirse en la referencia de los principales espacios públicos de la ciudad intramuros cuando, poco después de hacerse la citada lonja, el concejo decidió llevar a cabo el viejo plan de componer una plaza regular presidida por un nuevo edificio para el Ayuntamiento. El desplome de la iglesia románica de San Miguel —quién sabe si acelerado por alguna intervención furtiva, dado que esta iglesia, en cuyo atrio Isabel I había sido coronada, estorbaba dichos planes— propició la concreción de una nueva plaza Mayor regular similar a la de otras ciudades barrocas españolas, aunque, como se ha dicho, aquí nunca llegara a completarse.
La plaza Mayor, con el mirador del cabildo.