Catedrales
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SANTIAGO DE COMPOSTELA. FIN DEL VIAJE
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verticalista que empezaba a operarse en el templo, con el que, según Andrés Rosen-de, «el barroco se dispuso a otorgar a la arquitectura gallega lo que el período gótico le había negado»; una vocación por las alturas que el canónigo fabriquero justificaba afirmando que «en subir y hermosear sus cimborrios y torres» es en donde tienen puestas las iglesias «sus mayores vanidades».Vega y Verdugo marchó a Granada en 1672. No es infrecuente que el promotor de unas obras se ausente al poco de comenzar estas, pero, aunque no pudiese asistir al resultado de muchas de sus propuestas, el proceso de transformación era ya irreversible.
Con Domingo de Andrade empezó la fructífera labor de una serie de geniales arquitectos gallegos. Andrade era un hombre cultivado, maestro mayor de la catedral de 1671 a 1711. Formado en varias universidades por consejo de Vega y Verdugo, que fue su mentor, llegó a escribir tratados. Durante su maestría,Andrade modificó el pórtico Real para dar cabida a nuevas dependencias (esta posibilidad de movimiento refuerza su misión como «biombo» arquitectónico), construyó haciendo escuadra con él la bellísima casa de la Canónica, que parece un tardío homenaje al hospital de los Inocentes con el que Brunelleschi inauguró el Renacimiento en Florencia, y dio inicio a su obra maestra, el remate barroco de la torre del Reloj. Otra muestra del ta-Torre del Reloj, cabecera de la catedral, cimborrio y fachada de la Azabachería, antes y después de las reformas barrocas.