Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 435 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

En la capilla de Anaya hay,

además, una excepcional colec-

ción de enterramientos. El que

suele llevarse la palma por su mo-

numentalidad y valor artístico es

el de Diego de Anaya, exento y

tapizado por una reja soberbia. Sin

embargo, los visitantes que van sin

prisa suelen dedicar más tiempo a

otro sepulcro situado en un rin-

cón, el de Gutierre de Monroy y

Constanza de Anaya; su contem-

plación era más fácil hace años,

cuando había ante el sepulcro un

escabel de madera. Como el del

Doncel de Sigüenza, esta pieza

magistral es de autor desconoci-

do. Es una obra de una sensibili-

dad extrema, en la que los bellos

esposos conservan, pese a su defi-

nitiva dormición y el atavío de

circunstancia, un aire de serena

intimidad marital. Labradas en la

Órgano de la capilla de Anaya; a los pies,

dúctil piedra local, las maravillosas

el sepulcro de Gutierre de Monroy y Constanza de Anaya.

efigies de Gutierre de Monroy y

Constanza de Anaya pueden des-

pertar la vocación de un escultor y conmover a un poeta. José Hierro dedicó a este sepulcro uno de sus poemas más largos, Estatuas yacentes: «Cuando oyó pisar a la muerte

/ el roble oscuro de su cámara, / sabe Dios a qué artista anónimo / encargaría su sepulcro. / Soñaba perdurar en piedra, / al lado de doña Constanza [...]».

LOS REVESTIMIENTOS

La piedra con la que están construidas las catedrales y en la que se tallaron sus esculturas y ornamentos no estaba siempre a la vista. En el sepulcro de Gutierre de