Catedrales
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SALAMANCA. VIDAS PARALELAS
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MÉTODO COMPARATIVO
Ya sea en estudios académicos o en guías turísticas, siempre se cuenta la historia de las catedrales de Salamanca de forma cronológica, relatando sucesivamente, en un recorrido que va del siglo XII al XVIII, el proceso de crecimiento de esa «gran manzana» catedralicia. Por eso hemos pensado abordar este capítulo con un enfoque distinto, aprovechando la oportunidad que nos brinda el singularísimo conjunto salmantino para confrontar, sin salir de un mismo ámbito, dos maneras de entender las formas arquitectónicas y las soluciones a diversos problemas funcionales y constructivos. Así podremos comprobar los contrastes y similitudes entre dos proyectos catedralicios llevados a cabo en dos períodos distintos y sucesivos, la Edad Media y la Edad Moderna.
En el siglo XVI era frecuente que se resaltasen las virtudes y carencias de las diferentes artes por medio de un método comparativo, el paragone o parangón; puede que no esté mal rescatar ahora dicho método para describir dos edificios que llevan varios siglos de feliz vida en pareja. Queremos, pues, aprovechar la ocasión irrepetible que nos brindan estas catedrales siamesas, unidas indisolublemente por su costado, para describirlas estableciendo, cuando sea posible, algunos paralelos entre ellas. De esa forma podrán verse las características comunes a ambas y las peculiaridades de cada una, más allá de las diferencias evidentes en lo que toca a estilo o tamaño. El relato, en el que continuamente saltaremos en el tiempo, se alternará con algún apunte histórico y con referencias a otros hitos de la ciudad relacionados de algún modo con la catedral, como el puente o la Universidad.
Aunque es fácil encontrar, como se ha dicho, una descripción lineal de la historia de las catedrales salmantinas, parece oportuno hacer aquí un resumen brevísimo de esa historia, para que podamos luego sumergirnos tranquilamente, saltándonos las reglas de la cronología, en nuestro relato comparativo. Desde mediados del siglo XII hasta finales del XIII se construyó una catedral románica, con el claustro y las dependencias correspondientes; en las dos centurias siguientes, el conjunto se vio acrecentado con capillas, pinturas y retablos; a finales del siglo XV, el cambio operado por la ciudad obligó al cabildo a plantearse la edificación de una catedral nueva y más grande, labor que ocupó desde principios del siglo XVI hasta la mitad del XVIII; cuando se pudo completar la nueva, la catedral vieja, que no había sido destruida en el proceso, permaneció pegada a ella. En esta relación casi telegráfica no puede dejar de men-cionarse un asunto que habremos de desarrollar, pues afectó a las de Salamanca más que a ninguna otra catedral española, que es el terremoto de Lisboa, ocurrido en