Catedrales
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SEVILLA. DE CASTILLA A ULTRAMAR
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estatuas con la tosca piedra que llegaba a la ciudad desde la sierra de San Cristóbal. En el conjunto escultórico creado por Lorenzo de Bretaña, como también es conocido, llama la atención que los hombres son siempre viejos y graves, y las mujeres, jóvenes y risueñas. Esto podría encajar en la contraposición de las dos parejas de santos ligados a Sevilla que tantas veces veremos repetida en la catedral, dos hermanos y dos hermanas: por un lado Isidoro y Leandro, conspicuos arzobispos de época visigoda y, el primero, doctor de la Iglesia; por otro, las adolescentes Justa y Rufina, mártires patronas de los alfareros. Pero en la misma escena del Nacimiento se acentúa la se-nectud de José, mientras la pastora que se acerca al pesebre, como en las escenas populares que pronto se encargarían de difundir la pintura flamenca y holandesa, estalla en una risa abierta. La fotografía ha hecho que hoy lo tengamos asumido, pero antiguamente era muy
raro que una representación humana, esculpida
o pintada, mostrase los dientes. Con sus esculturas en Sevilla, Mercadante nos dejó dos mues-
tras antagónicas de la inhabitual exposición de la dentadura: si la pastora del Nacimiento es el personaje llano que ni en un marco solemne
puede contener la franqueza de su risa, el cardenal Cervantes muestra los dientes dejados al aire por las indiscretas mandíbulas descolgadas de
los muertos.
La técnica del barro cocido tuvo un exce-
lente continuador local, Pedro Millán, y se cru-zó en Sevilla con la brillante tradición de la terracotta italiana a través de piezas importadas (en la catedral y en el convento de Santa Paula se
conservan relieves del taller de Andrea della
Robbia) y, poco después, de la presencia en la
ciudad de un importante escultor florentino,
Pietro Torrigiano. Aunque el hecho que le ha
dado más fama es el puñetazo con el que, sien-
do adolescentes, partió el tabique nasal de Mi-
guel Ángel,Torrigiano fue un artista de gran talento, del que se conservan soberbias piezas en La pastora y el cardenal.