Catedrales
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GERONA. EL SUEÑO DEL ARQUITECTO
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los terremotos que derribaron sus piedras. Pensemos incluso que en su interior se conservase, aunque fuese despojada de su valioso revestimiento de oro y marfil, la colosal estatua de Zeus labrada por Fidias, una de las maravillas del mundo antiguo, que ocupaba toda la altura de la cella; esto llevó a decir a quienes la vieron que, si hubiese querido ponerse de pie, la imagen gigantesca del dios no hubiese podido hacerlo, pues sentado como estaba en su trono ya rozaba la techumbre con sus cabellos.
Pues bien, ¿desmontaríamos la escultura de Fidias y enviaríamos sus pedazos a un museo porque con su masa no nos dejaba ver el espacio interior del templo? Y en un vertiginoso descenso que sirve para que no puedan decirnos que acudimos a ejemplos demasiado llamativos, ¿quitaríamos el sofá de nuestra casa porque interrumpe la perspectiva del cuarto de estar? ¿Descolgaríamos los cuadros porque obstruyen la visión de las paredes, y las alfombras porque nos impiden apreciar el suelo de parqué?
Esta conducta absurda es
la que durante el último siglo
impera entre algunos de los
cabildos catedralicios españo-
les. En el caso de Gerona,
hasta hace poquísimos años
se conservaba intacta la orga-
nización original del templo,
que, si no tan antigua ni fa-
mosa, era tan venerable y dig-
na de respeto como en su día
lo fue el Zeus olímpico. Des-
pués de un desmontaje provi-
sional en 1936, hasta 1975 se
mantuvo en su lugar el coro,
fecha en la que fue desman-
telado sin que quedase de él
más que la silla episcopal y al-
gunos sitiales sueltos, coloca-
dos de cualquier manera en la
llamada capilla conventual.
Hoy sólo resta en el centro
de la nave el moderno órga-
Presbiterio de la catedral, en su estado
no, un instrumento al parecer
hasta hace pocos años.