Catedrales
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VALENCIA. LA CONTENCIÓN Y EL GESTO
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tramoyas, efectos y artificios que aumentaran su espectacularidad. En uno de los momentos culminantes de la representación, la paloma del Espíritu Santo bajaba desde el cimborrio lanzando chispas y bengalas, acompañada en su descenso aéreo por el canto de niños caracterizados como ángeles y demás habitantes del «ecosistema» celestial.
Esas representaciones, que entusiasmaban al público, fueron prohibidas en el siglo XVII por un prelado, harto de las roturas de vidrios y de los incendios que aquellas imprudentes escenificaciones provocaban.También debió de influir en su abolición la nueva mentalidad del alto clero, que a partir de Trento haría prevalecer la solemnidad y el tono sombrío del culto, ajeno a las formas ruidosas del viejo fervor popular. Quizá por eso coincide en el tiempo, como pudimos comprobar en León, la desaparición del teatro sacro que tenía lugar en el interior o a las puertas de los templos con la aparición de los primeros teatros públicos, los coliseos y corrales de comedias, donde a partir de entonces habría que ir a buscar las emociones teatrales que ya no era posible sentir en las iglesias.
TEMPRANO RENACIMIENTO
Como ya se avanzó al comienzo del capítulo, la catedral de Valencia tiene el altísimo honor de alojar entre sus muros las primeras pinturas y esculturas renacentistas que existen en España. Entre estas obras primerizas, siempre hemos visto en la catedral un par de frescos muy maltrechos y trasladados a lienzo, colgados en el aula de teología y en el pasillo que hacia ella conduce; en ellos se representa la Adoración de los Pastores y la de los Reyes Magos.Tales piezas fueron encargadas a dos pintores italianos llegados a la ciudad por mediación de Francisco de Borja —Francesco Pagano y Pao-lo de San Leocadio—, en parte como prueba para acreditar sus capacidades de cara a la realización de un encargo más importante: cubrir con murales las paredes y la bóveda del altar mayor. Hace muy pocos años se hizo una exploración con el fin de comprobar si quedaba algo de esa decoración bajo los añadidos barrocos, y así se dio la felicísima ocasión de recuperar los ángeles músicos que, ocultos durante tres siglos, cubrían la plementería de la bóveda sobre el altar mayor.
El hallazgo y restauración de estos frescos tiene un alcance universal, aunque no hayan encontrado en los medios de comunicación el eco que merecen. Con la cantidad de naderías que pueblan todos los días las páginas de cultura de nuestros perió-dicos, es particularmente enojoso que el descubrimiento de los ángeles de la catedral de Valencia no se tratase y divulgase en el ámbito nacional en su justa dimensión,