Catedrales
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CATEDRALES
Así las cosas, resulta curioso el afán de bastantes especialistas por rebautizar a cada paso las obras de arte medievales, dando lugar a una guerra de nomenclaturas de escasa utilidad y que tiene muy poco interés fuera del reducido campo del medievalismo. Si la misma denominación «románico» es reciente, no se entiende muy bien que el románico lombardo deba ser llamado ahora primer románico; que las formas que se encuentran entre el románico y el gótico tengan que denominarse, según las escuelas académicas, «románico de transición», «protogótico» o «arte 1200»; que el románico pleno se trueque de un día para otro en románico dinástico o, antes, que lo que conocíamos como arquitectura mozárabe haya de cambiarse por arquitectura de repoblación; al fin y al cabo, ninguno de esos nombres va a ser el original ni va a definir el objeto de forma completa e indiscutible. Con todo esto, da la impresión a veces de que algunos estudiosos buscan sobre todo la consolidación vanidosa de las propias teorías, un aspecto más del peculiar mundo universitario, tan alejado a veces de la realidad de las artes y de la arquitectura, con el que no queremos aburrir más al lector.
Llámense como se llamen, dentro de lo que denominamos románico hay dos períodos muy claros y fáciles de identificar, que vienen a ocupar respectivamente los primeros tres cuartos del siglo XI, y el resto de esa centuria y la práctica totalidad de la siguiente. Con esto, el lector habrá comprendido enseguida la importancia que podría tener respecto al carácter pionero de la catedral jacetana el baile de fechas al que aludíamos al principio.Y como no hay mejor documento (¡sobre todo, si no ha sido restaurada!) que la propia obra que contemplamos, hay que decir que lo que distingue en mayor medida estas dos fases del románico —las que solemos identificar como románico lombardo y románico pleno— es, respectivamente, la ausencia o la presencia de escultura monumental y la forma de trabajar la piedra, cosas ambas que nos importan mucho a la hora de acercarnos a la catedral de Jaca.
UNA EXPLOSIÓN DE ESCULTURA
Uno de los hechos más sorprendentes de toda la historia del arte es que durante más de seis siglos dejó de existir la escultura en piedra: desde los tiempos de la decadencia del Imperio romano hasta mediados del siglo XI, desapareció en Occidente la escultura monumental. En los momentos de auge social y cultural que podemos encontrar, tanto en territorio cristiano como musulmán, durante la Alta Edad Media (la Rávena bizantina, la España visigoda, el reinado de Carlomagno, el Imperio germánico, la mo-