Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 547 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

Ortiz de Matienzo no sólo edificó en Villasana de Mena su casa, sino que fundó el convento vecino para procurarse en él un lugar para su enterramiento. La capilla y sus tesoros artísticos —entre los que se encontraba una tabla del gran pintor Alejo Fernández, afincado en Córdoba y luego en Sevilla— fueron destruidos en la Guerra Civil, pero una visita al convento, hoy propiedad municipal, causará asombro a quien se fije en su, al principio, poco llamativa arquitectura. La pieza más sorprendente es el claustro, de ladrillo encalado y con pavimentos, adornos cerámicos y techumbres absolutamente ajenos a lo habitual en la zona, pues se trata de una obra concebida y construida sin apartarse un ápice de lo que sería normal en la Andalucía occidental de su tiempo, en torno a 1500. El claustro de Villasana vendría a ser uno más, y bien modesto, si se encontrase en Sevilla, Huelva o Badajoz, pero en el norte de Burgos, a un tiro de piedra de Valmaseda y Bilbao, es un objeto exótico del sur llegado cerca de las orillas del Cantábrico por capricho de su promotor.

Para la construcción de la casa y el convento, el canónigo menés debió de recurrir a un grupo de operarios anda-Detalle de la lápida

luces, que hasta montaron allí los techos con el sistema me-de Sancho Ortiz

ridional, inédito en el norte, que combina vigas de madera y de Matienzo.

baldosas de barro.También resultan insólitas las decoraciones de cerámica, con azulejos multicolores que debieron de ocupar una superficie mucho mayor que en la actualidad, pues sólo quedan restos de ellos. Perdido el sepulcro y el ajuar artístico que lo acompañaba, nos queda contemplar todavía la pieza más extraordinaria que nos ha llegado de la presencia andaluza en el valle de Mena. Para ello deberemos acercarnos hasta la moderna iglesia parroquial, donde está instalada la lápida de Sancho Ortiz de Matienzo, que contiene la mejor representación, fechada en 1499, del alminar almohade de la mezquita mayor de Sevilla. El lugar de origen de un canónigo de la catedral hispalense dio como resultado un fruto sorprendente: para saber cómo era la torre sevillana antes de la reforma renacentista que la convirtió en la Giralda, no hay mejor documento que un relieve situado, casi al otro extremo de la Península, en la iglesia de un valle cantábrico.