Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 79 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

Para potenciar la ciudad burgalesa, se agruparon algunas diócesis veteranas (Oca,Valpuesta), uniéndolas y llevándolas a otro lugar más seguro: primero Gamonal (hoy, un barrio del extrarradio) y luego Burgos. El nuevo obispado burgalés recibía así la le-gitimación prestada por la antigüedad de los de Valpuesta y Oca, al tiempo que servía para concentrar en la nueva ciudad los organismos propios de una verdadera corte, la caput Castellae, cabeza de Castilla.

En todo este proceso fue clave el papel de los reyes. El que posiblemente fue el rey castellano más influyente de la Edad Media en Castilla, Alfonso VI, donó los palacios que tenía junto a la cara exterior de las murallas para que se erigiese sobre ellos la primera catedral, un acto que veremos repetido en León, y que tiene una tradición muy antigua: Constantino cedió el solar de su palacio lateranense para la primera catedral de la historia, San Juan de Letrán, y lo mismo hizo un noble romano en Barcelona, como vimos en el capítulo precedente. En tiempos de Alfonso VI, Burgos empezó a convertirse en una ciudad comercial, situada, como ya apuntamos, entre dos importantísimas corrientes de tránsito: el Camino de Santiago, potenciado por el mismo rey Alfonso, y el camino natural que llevaba por el sur hasta el ansiado objetivo toledano. Burgos se instituyó como sede diocesana diez años antes de la conquista de Toledo, una anexión que habría de cambiar para siempre el mapa peninsular.Además, a partir de finales del siglo XII, se añadiría el interés creciente de las rutas comerciales que unían la meseta con los puertos del Norte. La catedral de Burgos pudo, gracias a la protección real, quedar exenta desde el punto de vista eclesiástico (sin depender de los poderosos arzobispados de Santiago y Tarragona, que pretendían anexionársela), así como gozar de una creciente prosperidad que se basaba tanto en el trasiego de peregrinos como en los cuantiosos impuestos procedentes de su extensa diócesis, que en el reinado de Alfonso VIII alcanzaron a las mercancías que se descar-gaban en los puertos del Cantábrico.

Si el solar de la ciudad estuvo condicionado por su situación entre el alto cerro del castillo y la vega del Arlanzón, el de la catedral resultaba de una irregularidad sorprendente. No sabemos casi nada de la catedral románica que precedió a la actual, pero por su ubicación junto a la muralla, pegada a ella por su lado exterior, podemos imaginar que se trataría de un templo fortificado. Cuando se comenzó a levantar la iglesia gótica, el asiento para el nuevo edificio no podía ser más complejo, pues de un lado al otro del crucero hay más de diez metros de desnivel. Esta irregularidad es una de las características que más diferencian a la catedral burgalesa de los templos franceses en los que se inspira; una inspiración que, como veremos a continuación, fue directa, sin intermediarios.