Catedrales
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CATEDRALES
De la esquina de la Parroquieta
arrancaba el puente que unía la seo
con el palacio arzobispal, aunque ese
pasadizo elevado fue demolido a
mediados del siglo XX.
LADRILLO ENLUCIDO
Si las obras de don Lope son mues-
tra de lo que se puede hacer con el
ladrillo cuando se deja visto, el resto
de la seo fue edificándose, a lo largo
de varias fases, con ladrillos cubier-
tos por enlucidos, pinturas y otros
revestimientos. Al principio se eri-
gió, a partir de la pétrea cabecera ro-
mánica, un templo de tres naves;
Detalle del muro exterior de la Parroquieta.
luego se amplió hacia los lados, con
lo que pasó de tener tres a cinco na-
ves, y por fin se prolongó hacia los pies, hasta adquirir entonces, a mediados del siglo XVI, la planta que aún hoy se mantiene.
Una modificación tan profunda de la catedral, que afectó a todas sus dimensiones (la anchura, la longitud y la altura) se explica en parte porque, aquí más que en ningún otro caso, lo que interesaba del edificio era su interior. La seo de Zaragoza siempre ha carecido de una clara presencia externa. Desde fuera sólo pueden encontrarse hitos aislados, como una portada o el cimborrio que emerge sobre las cubiertas; pero es una construcción carente de fachadas, envuelta con simples muros de ladrillo que pueden demolerse y volverse a levantar unos metros más allá sin que el edificio vea afectada su coherencia. ¿A qué recuerda esta capacidad de ampliarse en cualquier dirección? Naturalmente, a la que podía tener una mezquita. Los templos islámicos tampoco poseen algo que podamos llamar con propiedad «fachadas», sino muros de cerramiento donde se abren, allí donde mejor vengan, las ocasionales portadas. De hecho, la historia de modificaciones y multiplicación de naves de la seo zaragozana puede considerarse, como alguna vez se ha dicho, una réplica cristiana a lo ocurrido siglos antes en la mezquita de Córdoba.