Catedrales
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CATEDRALES
modo de un enorme periscopio destinado a captar la luz por encima de las cubiertas góticas: la ventana que ilumina la linterna como un túnel celestial tiene por fuera el aspecto, acentuado por la cubierta escamada, de un dragón encaramado, como una nueva tarasca, a los tejados de la girola.
El transparente fue un intermedio barroco entre dos períodos dominados por el clasicismo más sobrio. A mediados del siglo XVIII,Ventura Rodríguez quiso hacer en Toledo lo que más tarde conseguiría en Pamplona: la sustitución de la fachada principal medieval, que tenía la piedra muy erosionada, por un pórtico clásico con columnas de dieciocho metros de altura. El proyecto fue rechazado por el cabildo, que en cambio encargó al aparejador Eugenio López Durango y al escultor Mariano Salvatierra una reparación historicista, que respetase, dentro de los límites de la época, el aire gótico de la obra.
La restauración neogótica de la fachada, en la que se retomó el duro granito como medio de solventar los problemas que aquejaban a la blanda caliza, se hizo bajo el pontificado del cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, que está considerado el mejor representante de la Ilustración entre el clero español, donde también se cuentan otros prelados como el arzobispo de Santiago Bartolomé Rajoy. Lorenzana, que antes de ser arzobispo de Toledo había gobernado las diócesis de Palencia y de México, tenía entre sus prioridades, como buen ilustrado, las iniciativas que pudieran beneficiar a la sociedad, por lo que promovió mejoras urbanas e higiénicas, fundaciones de enseñanza y asistencia, proyectos de reforestación y ordenación territorial… También fue un erudito autor de estudios históricos, y en la catedral ordenó la renovación de las pinturas murales del claustro, realizadas por Mariano Maella y Francisco Bayeu.
El edificio que retrata mejor a Lorenzana y su época es la Universidad de Toledo. Para erigirla se demolió la antigua sede del tribunal de la Inquisición, un hecho que parece traslucir algo más que el simple aprovechamiento de un solar. La Universidad Lorenzana, como es llamada, es sin duda uno de los grandes tesoros arquitectónicos de la ciudad, una obra maestra de Ignacio Haan, arquitecto alicantino que vivió en Roma y que fue discípulo de Sabatini.Toda la mole cúbica de la universidad parece concebida, como la caja que guarda una joya, para dotar al patio de una regularidad sobrenatural, que lo convierte en una pieza que parece salida de las ensoña-ciones de una Antigüedad ideal que tanto seducían a los artistas de la época. Junto a la universidad está la iglesia de San Vicente, en cuya torre luce empotrado un relieve romano; un guiño casual a la evocación de la antigua Toletum que puede encontrarse al lado, en ese patio que parece la encarnación, a finales del siglo XVIII, de las graves columnatas de un foro antiguo. Ignacio Haan se ocupó también, en la simbólica