Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 624 de 766

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CATEDRALES

didura, ostentaba la primacía sobre todas las diócesis hispánicas. Sin embargo, si lo esencial de la catedral se atenía a las directrices góticas llegadas de Francia (que Rodrigo, antiguo estudiante en la Sorbona, conocía bien), parece lógico que el autor de una historia de España que atendía a los autores árabes, que citaba elogiosamente la aljama cordobesa y que recogía en su obra el episodio del buen alfaquí deseara incluir algún elemento de esa cultura en la catedral, algo que no perturbase el conjunto pero que, como la estatua de Abu Walid en el presbiterio, supusiera un homenaje a la deuda que tenían los hombres de cultura cristianos con Al-Andalus. El contacto entre ambos mundos, ya fuese pacífico o belicoso, es consustancial a la Edad Media hispánica. Jiménez de Rada participó en la preparación de la decisiva batalla de las Navas de Tolosa y fue nombrado por el Papa legado de la «cruzada» contra el islam hispánico, pero el árabe estaba entre las muchas lenguas que dominaba y en su cuerpo mo-mificado fueron hallados, al ser abierto su sepulcro, los tejidos hispanomusulmanes con los que se le amortajó.

Tampoco hay que olvidar que, cuando se construyó la cabecera catedralicia, la mezquita mayor de Toledo seguiría en pie, por lo que los triforios podrían haber utilizado modelos directos del edificio musulmán. Los elementos andalusíes dejaron de usarse en la continuación de las obras, cuando Jiménez de Rada había desaparecido y la propia mezquita fue demolida para dejar sitio a las naves del templo gótico; aunque, más bien, habría que puntualizar que las citas a lo musulmán abandonaron la traza general de la catedral, pero subsistieron a través de ciertos detalles. Uno de ellos es el sepulcro de Fernando Gudiel, cuyos motivos arabizantes tienen una motivación distinta: si los triforios de la cabecera eran una evocación de la esplendorosa y pretérita etapa

del califato, el sepulcro citado es una avanzadilla de un estilo en ciernes: el arte nazarí que por entonces, en el siglo XIII, daba sus primeros frutos en el reino musulmán de Granada.

En este paseo por la influencia islámica en

la catedral, no podemos obviar un dato que

tiene algo de paradójico: el templo gótico, al

que hemos denominado como «una isla de

piedra», tuvo desde el siglo XVI el obrador de

cantería, donde se tallaban los bloques para su Detalle de la cornisa de mocárabes

construcción, ubicado en un edificio de rai-

del sepulcro de Fernando Gudiel,

en la capilla de San Eugenio.

gambre andalusí. El golpeteo de los canteros y