Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 651 de 766

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TOLEDO. UNA ISLA DE PIEDRA

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autores. Si hiciésemos caso de éstas, estaríamos ante una colección incomparable, con un plantel de maestros de la pintura en el que estarían incluidos Bellini,Van Dyck, Velázquez,Ticiano, Rafael, Del Piombo, Zurbarán, Caravaggio, Reni, Mengs, Bassano, Rubens, Ribera… Muchos de los cuadros serán auténticos, pues hay piezas de calidad soberbia, pero otros son, claramente, copias o piezas de taller. Sin que pretendamos arrogarnos una potestad que no nos corresponde, salta a la vista que hay diferencias cualitativas muy claras: por ejemplo, entre las pinturas adscritas a Van Dyck, son mucho mejores el busto de santa Inés o la Sagrada Familia que el retrato de Inocencio XI.

En un museo donde figuran piezas excepcionales (de Orrente, el Greco, Goya, Tristán, Morales, Juan de Borgoña…), los errores evidentes y las atribuciones dudosas deslucen la valía del conjunto. No criticamos la exposición de copias junto a originales; quien sojuzgue las copias desconoce el inmenso valor que han tenido éstas, antes de inventarse la fotografía, para el aprendizaje de las artes y para la divulgación de las obras maestras.Todavía en los tiempos de la Segunda República, los furgones de las Misiones Pedagógicas recorrían los pueblos de España con réplicas de las mejores pinturas del Museo del Prado, hechas a veces por copistas señalados, como Ramón Gaya. Lo que desluce al museo en cuestión es la confusión entre originales y copias, que haría recomendable y urgente el paso de buena parte de sus fondos por el estudio de una comisión fiable (o sea, un equipo del que no formaran parte quienes dicen que El Coloso del Prado no es de Goya), que sirviese para actualizar no la forma de exposición, que ya es histórica, sino la información que la acompaña.

Pendiente de esa deseable revisión, el museo de la catedral de Toledo reúne piezas extraordinarias. Del Greco hay un apostolado completo, así como un San José con el Niño que incluye, al fondo, una de sus espectrales visiones de la ciudad de Toledo.

Entre las experiencias que nos aguardan allí destaca la oportunidad de confrontar escenas parejas (el prendimiento de Jesús y su posterior expolio) concebidas por dos genios. El Expolio del Greco muestra una superposición irreal, «bizantina», de las figuras, solapadas en planos sucesivos, unidos sólo por los elementos que atraviesan el espacio en profundidad (el brazo acusador, el cuerpo del soldado que barrena la Cruz); estos escorzos, el estilo de pincelada suelta y la técnica del temple graso —en el que las capas alternas de temple blanco y de color al óleo se transparentan como cristales superpuestos— delatan al pintor de origen griego, pero formación venecia-na. En el Prendimiento de Goya, Cristo está cubierto por una vestidura blanca, iluminada por un farol, que recuerda de inmediato la camisa del condenado que levanta los brazos ante el pelotón de los fusilamientos del 3 de mayo.