Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 564 de 766

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Catedrales

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SEVILLA. DE CASTILLA A ULTRAMAR

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la profusa ornamentación del interior de esta capilla sirvió a finales del siglo XVII para acuñar el exitoso término «plateresco», aplicado por Ortiz de Zúñiga a una decoración arquitectónica que recuerda, por su finura y profusión, al trabajo de los plateros.

De todos los anexos renacentistas a la catedral, la capilla Real es el único que posee una presencia exterior propia, tratada con una potencia que hace que no se sienta amilanada, desaparecidos los muros del corral de los Olmos, por la vecindad de la Giralda. Igual que le había ocurrido a su predecesor con la sacristía mayor, Martín de Gainza murió antes de hacer la cúpula de su capilla, que fue encomendada, junto a los mencionados reparos, al mejor arquitecto que hubo nunca en la catedral de Sevilla: Hernán Ruiz.

HERNÁN RUIZ, EL JOVEN

En Córdoba hemos hablado acerca de la estirpe de los Hernán Ruiz, tres generaciones de arquitectos del mismo nombre cuya actividad abarca todo el siglo XVI y los comienzos del XVII. El más talentoso fue Hernán Ruiz II, llamado a veces «el Joven»; el problema de esta denominación es que dejamos sin apodo a su hijo Hernán Ruiz III, que entonces habría de llamarse «el Jovencísimo». Hernán Ruiz II, pues, nació en Córdoba hacia 1514, y allí se formó en el oficio, como era habitual, a la sombra de su pa-Dibujo del Libro de Arquitectura de Hernán Ruiz.