Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 263 de 766

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Catedrales

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LEÓN. MUROS DE CRISTAL

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oficios, como era deseo del cabildo desde el siglo XVI, cuando el rey Felipe II les de-negó el permiso para efectuar dicho traslado.Todas estas obras, debidas a cuestiones de tipo litúrgico, se llevaban a efecto mientras caía polvo de las agrietadas bóvedas y en diversos puntos de la catedral aparecían claras señales del agotamiento de la estructura medieval. Con el nuevo espacio solemne recién terminado, flanqueado por el trascoro renacentista y la sillería gótica trasladados hacia los pies, y por el áureo retablo mayor de Narciso Tomé, el terremoto de 1755 dio un nuevo aviso de que, en cualquier momento, la «bella leonesa» podía venirse abajo.

UN MONUMENTO EN RUINAS

Una de las consecuencias del peligrosísimo estado en que se encontraba la catedral de León fue la de ser el primer edificio español que recibió el título de monumento nacional, el 28 de agosto de 1844. Esta iniciativa, que buscaba agilizar la restauración del templo concitando fondos y profesionales que la afrontaran, indicaba el «traspaso»

de las responsabilidades desde el antaño poderoso cabildo hasta el Estado, que a partir de ese momento habría de hacerse cargo de la conservación de los monumentos.

En León, la misión restauradora, dirigida por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, puso en marcha una operación en la que habrían de intervenir numerosos arquitectos y que, plagada de desastres y decisiones dramáticas, habría de durar casi tanto como la propia construcción de la catedral, seiscientos años atrás. Desde 1859 hasta 1901 estuvo cerrada la catedral de León, transformada en cobaya de una nueva forma de entender la arquitectura monumental, que la convertía en algo diferente de lo que había sido hasta entonces: el edificio histórico no era ya el organismo vivo sobre el que se interviene, con mayor o menor acierto, de forma natural y acorde con determinadas cuestiones funcionales, sino un objeto artístico que había de servir como espejo trucado de la historia, imagen de las ideas preconcebidas que se pro-yectaran sobre ella.Tres arquitectos protagonizaron las tres fases de ese proceso: Matías Laviña se encargó de los derribos, Juan de Madrazo contuvo la ruina y trazó el plan de restauración, y Demetrio de los Ríos llevó a efecto la reconstrucción del edificio.

Al primer arquitecto dedicado a restaurar la catedral de León le pasó como a un judío toledano en tiempos de Alfonso VII. El hombre, llamado Honain-ben-Rabua, desarmó una enigmática clepsidra, construida un siglo antes, con el fin de saber por qué oculto mecanismo subía y bajaba el agua de los dos estanques que señalaban, con rara precisión, las horas y las fases lunares; pero una vez desmontado el ingenio, ben-