Catedrales
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CATEDRALES
ADIÓS A LAS MURALLAS
El traslado del coro catedralicio
tuvo lugar por los mismos años
que un desproporcionado pro-
yecto de reforma urbana, desti-
nado a modificar radicalmente el
aspecto de la pequeña ciudad pi-
renaica. En 1917 empezó el
ayuntamiento jacetano un plan
que consistió en la demolición
completa de las murallas, que ha-
bían llegado enteras hasta esa fe-
cha, y en la alineación sistemática
de las calles del casco medieval, a
causa de la cual se perdieron para
siempre la mayor parte de las ca-
lles antiguas y de los edificios
que las flanqueaban. La razón
para esta ambiciosa operación
Interior del presbiterio en su estado actual.
—que, por afectar a la práctica
totalidad de la población, apenas
encuentra paralelos en nuestro país— se escapa a nuestro entendimiento: Jaca no había logrado apenas crecer desde que se levantó su recinto amurallado en el siglo XII, aunque a principios del XX ya empezaba a cundir el uso de las pocas construcciones que surgían extramuros para las vacaciones y el descanso de los pudientes.
Pero compartir la suerte, ya sea favorable o adversa, es una de las cosas que suele caracterizar a la relación entre las ciudades y sus catedrales. Si el pasajero esplendor renacentista engalanó tanto a la ciudad como a su templo mayor, los tiempos modernos hicieron desaparecer buena parte del patrimonio urbano acumulado a lo largo de los siglos. La Jaca medieval y renacentista es irrecuperable, si no es en algún punto aislado como la plaza del Mercado o la pequeña calle del Arco; en cuanto a la catedral, la modernidad se hace notar en los pasos dados hacia su pretendida restauración. No podemos decir que el balance sea positivo: desde el picado de los muros y la automatización del campanario (que deshizo la antigua casa del campanero y empobre-ció los registros de las campanas, alguna de ellas medieval) hasta las invenciones ima-