Catedrales
pdf 1430301
614
CATEDRALES
tamiento. En 1888 se le concedió a Fernández Casanova la Gran Cruz de Isabel la Católica para reconocer sus esfuerzos ante la dificilísima obra, pero fue una gloria efímera: pocos meses después se vino abajo el cimborrio (la segunda caída de su historia), y al año siguiente presentó su dimisión. Esto último no evitó que diseñase las referidas portadas, aunque su concreción, como la reconstrucción del maltrecho crucero, fuese dirigida por otro arquitecto, Joaquín Fernández Ayarragaray.
El neogoticismo no ocupó sólo el campo de la arquitectura, sino que encontró también amplia representación en el de la escultura. El relieve de la Asunción y los apóstoles de la portada principal son de Ricardo Bellver, un escultor que trabajó mucho para la Iglesia (en la catedral sevillana es también suyo el sepulcro de Luis de la Lastra, en la capilla de Santa Ana), pero que es conocido sobre todo por crear lo que se ha convertido en el único monumento público del mundo dedicado al Demonio, el Ángel Caído del madrileño parque de El Retiro. Aún hay otra aportación neomedieval a la catedral, de una calidad sobresaliente: el sepulcro de Colón, de Arturo Mélida, al que Guerrero Lovillo define como «arquitecto, escultor, pintor y gran dibujante saturado de amor al pasado». Mélida es el autor de la restauración del convento de San Juan de los Reyes en Toledo, una de las obras más cuidadas de su época, y del monumento a Colón en Madrid. En muchas de sus creaciones incluía unas figuras que lo fascinaban por su carácter emblemático y ornamental: los maceros o reyes de armas característicos de las postrimerías de la Edad Media. Fue un artista erudito —amante, en efecto, del pasado, capaz de abarcar todas las técnicas y formatos, ilustrador de cuentos y muralista—, cuya figura está siendo ahora, poco a poco, recuperada.
BARRO COCIDO
Veinte años después de que se iniciase la catedral, en 1453, llegó a Sevilla el que habría de convertirse en el primer representante de la brillante escuela hispalense de escultura, Lorenzo Mercadante. Su primera creación allí fue el sepulcro del cardenal Juan de Cervantes, el prelado que más hizo en favor de la empresa arquitectónica catedralicia. Está labrado en alabastro, al igual que las únicas piezas que se le atribuyen fuera de la ciudad andaluza, expuestas en el museo de la catedral de Gerona. Pero el grueso de la obra de Mercadante —las figuras y relieves de las portadas del Nacimiento y el Bautismo (que son las correspondientes a los lados en la fachada principal)—, está ejecutada en barro cocido, una consecuencia de la imposibilidad de hacer