Catedrales
pdf 1430309
622
CATEDRALES
dre. Muerto este, se encargaría de continuar las obras de la catedral que se estaba erigiendo entonces en el centro de la gran mezquita de los omeyas. Curiosamente, el trabajo que le reportó mayor fama fue una nueva intervención sobre un edificio musulmán, el alminar almohade de Sevilla, que enseguida comentaremos. Su trayectoria tiene puntos en común con la de Rodrigo Gil de Hontañón, a quien tratamos en Segovia: ambos tuvieron padres inmersos aún en el ambiente tardomedieval, mientras que ellos destacaron por su formación intelectual y por redactar importantes trabajos teóricos.
Aunque una parte de los que realizó Ruiz se han perdido, se conserva el Libro de arquitectura, que recoge dibujos y estudios suyos, muestra de su elevado nivel técnico y teórico.
Ruiz llegó a Sevilla como parte de un grupo de maestros que debían dar su parecer acerca del proyecto de construcción de un gran hospital, denominado «de la Sangre» o «de las Cinco Llagas», encomendado a Martín de Gainza y que hoy, restaurado por Ricardo Aroca, es la sede del Parlamento de Andalucía. A la muerte de Gainza, en 1555, se convocó un nuevo sanedrín de arquitectos para la terminación de otra de sus obras, la capilla Real catedralicia; fue una oportunidad que Hernán Ruiz aprovechó para hacerse cargo de esas dos magnas empresas, y fue además nombrado, a sus cuarenta años, maestro mayor de la catedral. En el hospital levantó la iglesia, que a decir de Chueca es «la más grandiosa organización de edificio religioso clásico que tenemos en España antes de El Escorial», y en la capilla Real subsanó los errores estructurales de su predecesor y erigió la cúpula que la cubre.
Entre las moles de la capilla Real de Gainza y de la sacristía mayor de Riaño, constreñido por la infranqueable fachada de la Contaduría, a Hernán Ruiz le quedaba un esquinazo donde alojar dos nuevas dependencias catedralicias relacionadas entre sí: el antecabildo y la sala capitular. Son dos piezas que, con su forma radicalmente diferente (una, rectangular; la otra, oval) componen una de las páginas señeras de la historia de la arquitectura española, y acaso puedan figurar entre los mayores logros del arte europeo de su tiempo. En ellas se conjugan maravillosamente la arquitectura y la escultura, dirigida esta última por Diego de Pesquera y Juan Bautista Vázquez; la sala capitular se cubre por una gran bóveda elíptica, la primera en hacerse con esa forma en el mundo. Está sostenida por un orden «colgante», que desmiente el efecto de pesantez al apoyar las columnas sobre ménsulas que salen a media altura del muro, un juego muy apreciado por los maestros españoles y que Hernán Ruiz aplicó también a la iglesia hospitalaria antes nombrada. Para completar, el pavimento de esta sala es una cita literal, realizada a finales del siglo XVI, del que diseñó Miguel Ángel para la reforma de la plaza del Capitolio de Roma.