Catedrales
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TOLEDO. UNA ISLA DE PIEDRA
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escultores resonaron mucho tiempo bajo las yeserías y techumbres de madera labrada del Taller del Moro, que aunque construido en época cristiana es un ejemplo excelente de la pervivencia musulmana en la arquitectura civil del Toledo medieval.
DEL SENA AL TAJO
La ceremonia de la colocación de la primera piedra para la construcción de la catedral gótica data de 1226, pero varios años antes dieron comienzo ciertas maniobras necesarias para iniciar los trabajos: la compra de casas que dejasen sitio al enorme semicírculo de la cabecera y la excavación de zanjas para los cimientos. En Toledo, el subsuelo granítico ofrece un asiento excelente, por lo que basta con eliminar los depósitos y las vetas meteorizadas para dar con una base firme de roca madre. Pese a estar cuajada de construcciones que la ocultan, aún hay lugares donde afloran restos de esa roca que sostiene la ciudad (por ejemplo, un rincón de la plaza de Santo Domingo el Real).
Como Mauricio en Burgos, Jiménez de Rada traería a España maestros y operarios franceses, a los que pudo conocer en sus viajes al país vecino. El iniciador de las obras fue un tal Martín, de quien se sabe que estaba casado con una española y que residía en una casa cedida por el cabildo. El maestro debió de hacer un trabajo previo, que iría desde la agrimensura del solar en un medio tan irregular y abigarrado, hasta la evacuación del agua de lluvia (que de forma natural se conducía antes por la calle sobre la cual habría de ir, como veremos a continuación, el crucero) o la locali-Trinquival, carro para el transporte de piedras.