Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 214 de 766

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Catedrales

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CATEDRALES

Conjunto de iglesias de Tarrasa.

to y que determinó la aparición en el interior de los templos de un elemento, vallado y con bancos y atriles, que es el antecedente de los coros—, terminaría por asi-milarse en un todo homogéneo y bajo las techumbres de un solo edificio. Así, toda catedral bien conservada recordaría, con su área solemne (coro y presbiterio) dedicada al clero catedralicio y sus espacios reservados a los fieles, la naturaleza dúplice de las catedrales primitivas.

Para conseguir este conjunto polifuncional, compacto y homogéneo, las catedrales románicas acudieron a un modelo que entonces llevaba ya varios siglos de desarrollo: el de los templos monásticos. En ellos se daba, desde fechas muy tempranas, una división interior, con el fin de separar la zona donde rezaban y cantaban los monjes de aquella otra donde lo hacían los legos (seculares de rango inferior que trabajaban al servicio de los monjes). Al copiar ese modelo, que creaba espacios específicos para distintos usos dentro de una sola iglesia, el obispo y los miembros del cabildo catedralicio podían acogerse a una zona propia y oficiar el culto solemne inherente a la catedral sin dejar de atender a los fieles, que en el altar del trascoro seguían, como los legos en los monasterios, los oficios ordinarios.

Este es el modelo que se siguió en la catedral de Santiago, y que a partir de ella habría de imperar, atravesando épocas y estilos, en nuestro suelo; pero su explicación se encontrará en los capítulos dedicados a Santiago de Compostela y a Toledo. Lo llamativo de Jaca es que, por lo que sabemos, durante la Edad Media ofrecía un aspecto peculiar, un ensayo diferente al que brindaban la mayoría de los monasterios que sirvieron de patrón a las catedrales y que habría de tener escasa, aunque no nula, repercusión.