Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 627 de 766

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Catedrales

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TOLEDO. UNA ISLA DE PIEDRA

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duplicándolo, no se tradujo hacia lo alto: con sus treinta metros de altura en la nave mayor, la catedral toledana tiene una proporción achatada, un efecto que la vuelve a despegar de los cánones franceses y que se ve además aumentado por el defectuoso perfil de los arcos, que por mala construcción o por abombamiento llegan casi a tener el aspecto de los arcos ingleses de estilo Tudor.

La primera portada de la catedral es la del Reloj, y en el rosetón que hay sobre ella se conservan las vidrieras más antiguas, datadas en el siglo XIV. El resto de vidrieras son, en su mayor parte, de los siglos XV y XVI, aunque muchas padecieron destrozos causados por los bombardeos de la Guerra Civil. Animado por los abundantes elementos instalados contra sus muros y entre sus pilares (retablos, coro, rejas…), el aspecto frío y monótono que hoy ofrece el interior de la catedral es el resultado de una decisión poco afortunada. Hoy vemos todo (arcos, bóvedas, capiteles, pilares) cubierto con el mismo tono, pero cada uno de esos elementos estaba tratado de forma particular, y en las bóvedas lucían motivos figurativos y fondos azules con estrellas doradas, tan frecuentes en el gótico. La recuperación de la policromía original, conservada íntegramente bajo la pintura moderna, sería una labor relativamente sencilla, muy fácil de organizar por fases; mientras se toma la decisión de llevar a cabo una tarea tan deseable, con la que se obtendrían resultados espectaculares, las naves multicolores seguirán esperando volver a la luz bajo las capas de pintura monocroma (la última, muy reciente) que las oculta.

EL PRIMER COBERTIZO DE TOLEDO

Una de las particularidades de Toledo son los cobertizos, calles con tramos cubiertos a modo de túneles en los que, según las ordenanzas, debía poder pasar un hombre a caballo y con su lanza erguida. El origen de estas calles techadas está en el crecimiento de ciertas fundaciones religiosas, que iban extendiéndose gracias a las donaciones de casas y fincas.A veces, esas nuevas propiedades lindaban con el convento al que habían sido entregadas, pero en otras estaban al otro lado de una calle: entonces había que dejar libre el paso urbano, saltando sobre él para hacer efectiva, aunque fuese por las alturas, la anexión del nuevo inmueble. Muchos de los edificios donados a monasterios y conventos son antiguos palacios de la nobleza medieval, lo que ha permitido que Toledo conserve un gran número de residencias de la Edad Media, raros ejemplos de arquitectura civil que se perpetuaron gracias a su reclusión en conjuntos religiosos.