Catedrales
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PLASENCIA. CAMBIO DE ESCENA
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to original del templo, aunque los focos se encargarán después, empeñados como estamos en sobreiluminar nuestras calles, casas y monumentos, de trastocar los efectos sutiles para los que estaba concebido.
Para terminar el apartado dedicado a la restauración, debe hacerse un llama-miento urgente. El espléndido efecto interior que ahora luce la catedral no debería hacernos olvidar el estado lamentable de su exterior. El abandono actual de las labores cotidianas de mantenimiento hace que muchas gárgolas no desagüen, o lo hagan sobre lugares inadecuados, y algunos tejados catedralicios están tan cubiertos de vegetación que parecen, como tristes remedos del que hay en el cercano palacio de Mirabel, sobrevenidos pensiles.
SÓLIDO CAPAZ
Al comienzo del capítulo advertíamos de que no se debía tratar la catedral de Plasencia sin aprovechar la ocasión que nos brinda su estado inacabado. Después nos permitiremos una breve divagación acerca del poder de sugestión de las obras de arte inconclusas, pero antes hay que referirse a aspectos más prácticos, que nos demuestran el valor didáctico de las obras que no llegaron a finalizarse.
Si analizamos una pintura terminada, será posible rehacer el proceso técnico seguido por el pintor gracias a que es un arte en el que se crea por adición: cada una de las capas y materiales que se hayan ido superponiendo (tela o tabla, imprimación, capas pictóricas, veladuras, barnices…) quedan incluidas en la obra, y por ello basta-rá un análisis mediante radiografías o catas microscópicas para reconocerlas. La escultura, por el contrario, es un arte por extracción. Esto supone que las fases sucesivas van siendo eliminadas como consecuencia del mismo proceso de realización: una escultura acabada es aquella en la que no queda rastro de las distintas fases que llevaron a su concreción (dibujo, desbaste, aproximación de formas con las distintas herramientas…). Por eso, la única manera de saber cómo se hacían las esculturas en piedra (apenas hay tratados fiables sobre el tema) es mediante las piezas inacabadas, en las cuales han quedado «congelados» diferentes estadios de la obra, que, de haberse concluido esta, hubiesen desaparecido. Las esculturas inacabadas de Miguel Ángel constituyen no sólo maravillas del arte, sino verdaderas lecciones de técnica escultórica.
En la catedral de Plasencia hay una portada inacabada, perteneciente a la prolongación de la fachada norte con la que la catedral nueva comenzó a abrazar por un lado a la vieja. En ella puede verse un auténtico muestrario de sólidos capaces, o sea,