Catedrales
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ÁVILA. TEMPLO Y FORTALEZA
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a las obras: naves de girola que varían de anchura para regularizarse, pilares que arrancan del suelo sin que lleguen luego a ninguna parte, bóvedas que no se corresponden con los apoyos, arcos que nacen de los capiteles y son luego cambiados de lugar y tamaño sin que los autores de la modificación se
preocupen de borrar las huellas del arco abortado, nervios que se desdoblan para adaptarse a las variaciones de rumbo… Todo esto depara un campo de
acción detectivesca para quien aventure hipótesis del complicadísimo proceso constructivo, pero
ofrece también una certeza: los edificios medievales, incluso los más grandes, seguían proyectos abiertos que, cuando se iniciaban, no se sabía muchas veces cómo habrían de ser terminados.
En el museo de la catedral hay una tabla que, a pesar de estar pintada hacia el siglo XV, representa los primeros pasos en la construcción de una iglesia románica, con operarios colocando piedras cuya
posición comprueban luego con plomadas. Esa iglesia imaginaria e inconclusa muestra, en su todavía escasa elevación, lo único que preveían con suficiente concreción los maestros del período románico: la planta del edificio. Con cuerdas y estacas, el arquitecto demarcaba sobre el suelo, a escala real, la silueta que se correspondiese con Algunas señales de cambios en la catedral.