Catedrales

ANTONIO3 · Capítulo 534 de 766

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Catedrales

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SEGOVIA. EL AVE FÉNIX

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rresponde a la advocación de la capilla, y los soldados que a los lados parecen señalar con gesto ambiguo, quizá jocoso, la escena.

Los retablos, que hoy vemos como elementos estáticos ante la pared de una capilla, iban acompañados originalmente, como hemos podido ver en Plasencia, de ciertas tramoyas y efectos escénicos, entre los que se encontraba la iluminación y, en días de penitencia, la cubrición con sargas pintadas a grisalla. A nuestro juicio, la doble naturaleza de los personajes de este retablo refleja muy bien —y este reflejo no se escaparía a quienes lo contemplaran hace siglos— el carácter del teatro contemporáneo, cuando la trama principal encontraba siempre un contrapunto burlesco y un puente de comunicación con el público en los entremeses programados para los descansos o en la recurrente presencia del «gracioso», que colaba sus irreverentes comentarios entre los graves diálogos y declamaciones de los protagonistas del drama.

Este cariz teatral se vería antiguamente acusado por las cortinas que seguramente cubrían, dada la ocasión, la escena central.

RAYOS Y REMATES

Sólo hay tres torres españolas que superan o alcanzan los noventa metros de altura: las de las catedrales de Sevilla, Murcia y Toledo. La de Segovia, que hoy mide ochenta y ocho metros, fue durante un tiempo la más alta de todas, la única que superaba la barrera de los cien metros. Para conseguirlo, sobre el cuerpo de campanas que todavía vemos había otro octogonal, rematado por una aguja de madera forrada de plomo. El aspecto que tenía entonces el remate de la torre de Segovia, que no conocemos con exactitud pues los dibujos de Wyngaerde son anteriores a su conclusión y ofrecen información contradictoria, podría parecerse al que hoy luce, a mucha menor escala, otra torre del gótico tardío: la de la iglesia parroquial de Sádaba.

En 1614, un rayo prendió en el altivo chapitel de madera y plomo, envolviéndolo en fuego y deshaciendo toda la coronación. Pedro de Brizuela, maestro entonces de la catedral, ideó un nuevo remate totalmente distinto de aquel que se había perdido, con una cúpula de piedra que recuerda a las del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La unión de la torre gótica y el remate clasicista podría haber sido poco grata, pero resultó correcta dada la sobriedad externa de la catedral, que parecía hacerse eco, con su contención ornamental, de lo que Juan de Herrera construía por los mismos años en la falda meridional de la sierra de Guadarrama.