Catedrales
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MURCIA. LA CATEDRAL-ARRECIFE
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to de los habitantes no por estar escondido, sino por estar más alto y expuesto que ninguno, no es de extrañar que inspirasen la creación de estram-bóticos personajes de novela. Junto a la casa de los campaneros —que, como vimos en Ávila, podía
ser una construcción humilde injertada como un
nido de pájaro entre los fuertes muros de pie-
dra—, las torres disponían a veces de capillas propias, que no estaban concebidas para una liturgia regular sino para ocasiones especiales: son las capillas conjuraderas, dedicadas a veces a los arcángeles, desde las que se intentaba ahuyentar con invo-caciones las tormentas y epidemias que dañaban a la población.
Y hay más. Los monasterios apartados, como
los de cistercienses, no tenían torre de campanas porque no había personas ajenas a la comunidad a las que llamar: con una pequeña espadaña bastaba para recordar a los monjes y a los legos su obligación de asistir a los oficios. Pero, si no tenían campanario, sí se procuraban un elemento fortificado para otros cometidos: los tesoros y archivos monásticos solían estar situados en el interior bien protegido de una alta torre.
Este rápido panorama nos sirve para resaltar
el carácter paradigmático de la torre de la catedral de Murcia.Todo lo dicho en los párrafos anteriores está aquí: en esta obra se encuentra el deseo de significación de la catedral y de la ciudad, pero también el dominio visual sobre el entorno; aquí están las capillas conjuraderas, así como las estancias que, como los tesoros monásticos, necesitan especial protección (la sacristía, con su ajuar y sus ropas talares, y el tesoro que se guardaba en la ha-bitación que hay sobre ella). En Murcia tiene especial interés el cometido de las campanas y del Torre de la catedral.