El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II
A la larga el problema es doble
No se puede llegar a conclusiones, y mucho menos se puede generalizar partiendo de unos cuantos ejemplos particulares dispersos en el tiempo y el espacio. Toda solución en este terreno —en el que la investigación persiste en averiguar no tanto el volumen exacto de cada una de estas circulaciones, como la manera en que evolucionan o parecen evolucionar la una respecto a la otra— procedería solo de una investigación que trabajase sobre un periodo de tiempo mucho más amplio que los 50 años a los que se limita este libro: sería cuestión de considerar varios siglos, al menos del XV al XVII o al XVIII, y que no se limitase únicamente al Mediterráneo, por muy vasto y diverso que
este sea. La seductora hipótesis de Hermann van der Wee[92] limita muy bien el área de la cuestión. Sugiere que en el siglo XV se produjo en Europa y el Mediterráneo, de Venecia a Brujas, un incremento del volumen de la navegación; y solo a la altura del siglo XVI este impulso exterior dio vida a una economía transcontinental que llevó las rutas de tierra y las marítimas a desarrollarse al mismo ritmo. Con el siglo XVII, las áreas donde la vida económica prosperó o continuó prosperando se limitaron predominantemente, una vez más, a las zonas costeras, y solo a partir del siglo siguiente el conjunto de transportes —tierra y mar— reemprenderá su avance simultáneo.
En este aspecto considero muy posibles grandes fluctuaciones. Y en todo caso, nos pueden servir de marcos problemáticos en los que encajar nuestras investigaciones. Nuestro siglo —el XVI— moverá simultáneamente sus piezas en dos tableros. Podemos aceptar como regla general a priori el hecho de que todo aumento experimentado por el tráfico terrestre deberá ir acompañado grosso modo del equivalente progreso del marítimo, y viceversa. Solo en el siglo XV, con los navíos italianos, predominará la ruta marítima, y lo mismo ocurre en el XVII, esta vez con navíos holandeses. Si dicha hipótesis es correcta, deberá resultar confirmada por las hipótesis locales. Pero es muy poco probable que estos ritmos se produzcan ineludiblemente en todas partes y al mismo tiempo. La época de la supremacía holandesa no suprime automáticamente la actividad, ni siquiera la posibilidad de incremento, de