El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Ciclos más que seculares

de Asso ya en 1870[335], no parece tampoco ser un vocablo muy antiguo al otro lado de los Pirineos, y trashumancia no existe todavía. Pero no continuemos alejándonos de nuestro tema.

 

Ciclos más que seculares

 

Hemos observado, a lo largo del presente capítulo, la extrema lentitud de las oscilaciones, nómadas contra trashumantes, montañeses contra gente de las llanuras o las ciudades. Todos estos movimientos requieren siglos para completarse. Mientras una llanura nace a una vida más activa, vence a sus aguas salvajes y organiza caminos y canales, pueden muy bien transcurrir un par de siglos. Igualmente pueden pasar uno o dos siglos desde el momento en que una región montañosa comienza a perder su gente por emigración hasta aquel otro en que la economía de las llanuras ha absorbido todas las personas que necesitaba. Son procesos más que seculares, que solo se pueden abarcar extendiendo al máximo el campo cronológico de la observación.

Es norma general de la historia el interesarse solo por las crisis y paroxismos de estos movimientos tan lentos. Pero solo después de haber ocurrido un cúmulo de cosas previas se llega a tales situaciones y, además, les siguen interminables consecuencias. Y sucede que estos movimientos, en su lentitud, pueden a veces ir cambiando poco a poco de signo. Se pueden descubrir periodos de construcción y deterioro de una estructura, alternándose indefinidamente. Una región montañosa puede alternativamente conseguirlo todo, perderlo luego o perderse en su propio triunfo. Cuando esta historia no se limita al simple accidente o al proceso local, se evidencia que estos ciclos geográficos (y permítasenos usar este término), de lentitud tan extrema, obedecen a sincronismos muy elementales. Así, cuando el siglo XVI toca a su fin, la montaña mediterránea, excesivamente superpoblada y constreñida, experimenta un estallido liberatorio. Esa guerra difusa se transmuta, haciéndose invisible a nuestros ojos, en esa forma de guerra social larvada e interminable denominada bandidismo, palabra vaga si las hay. Tanto en los Alpes como en los Pirineos, Apeninos y demás montañas, sean cristianas o musulmanas, un destino común parece unir todas estas enormes guirnaldas montañosas en medio de las cuales alienta el mar.

Ahora bien: en un marco virtualmente casi inmóvil, estas lentas mareas no actúan ellas solas; estas oscilaciones de las relaciones generales entre el hombre y el ambiente en que vive se combinan con otras fluctuaciones: las de la economía, a veces también lentas, pero, por lo general, más cortas. Todos estos movimientos se entrelazan. Unos y otros gobiernan la vida, en modo alguno simple, de los hombres. Y estos no pueden construir nada sin fundar sus acciones, conscientemente o no, en tales flujos y reflujos. O, dicho con otras palabras: la observación geográfica de los movimientos a largo término nos lleva hacia las oscilaciones más lentas que conoce la historia. La conciencia de ello ha orientado nuestro estudio tanto en este capítulo como en los que le siguen.