El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

II. La población humana

ellos[189] un mercader español establecido en Florencia y que no les tiene ninguna simpatía—, «una clase de gente a quienes el mundo entero les parece una nadería de la que ellos pueden encargarse». La «época de los Fugger» ha sido corta y ahora ha terminado definitivamente; la de los genoveses comienza tarde y no tocará a su fin hasta los años 1620-1630, cuando la prosperidad de los «nuevos cristianos» portugueses abra paso al capitalismo híbrido de Ámsterdam.

Desde la perspectiva actual[190], estos amplios horizontes de la historia resultan claramente visibles. El capitalismo genovés gana su batalla en el

curso de los años decisivos 1575-1579,[191] después de haber soportado con éxito una dramática prueba de fuerza contra Felipe II y sus consejeros. La caída de Amberes (saqueada por los soldados en 1576), las dificultades y los fracasos de las ferias de Medina del Campo, la debilidad creciente de Lyon a partir de 1583, son todos ellos signos que acompañan el triunfo de Génova y el de las ferias de Piacenza. A partir de ese momento, no hay posibilidad de igualdad, ni de equilibrio, entre Venecia y Génova, ni entre Florencia y Génova, y, a fortiori, entre Milán y Génova. Génova derriba todos los

obstáculos[192] y subyuga a sus vecinas. Y estas no podrán tomarse la revancha —si es que de cumplida revancha se puede hablar— hasta el siglo siguiente.

 

II. LA POBLACIÓN HUMANA

 

Es evidente que la cuestión esencial, muy por encima de todas las otras, y que nos da el sentido y la medida del siglo, es la que se refiere al número de hombres. ¿Cuántos son? Es este el primero y más difícil interrogante. ¿Aumenta su número, como todo hace suponerlo? He aquí la segunda pregunta, no menos difícil que la primera, en especial si uno se propone distinguir diferentes etapas y porcentajes de crecimiento y comparar unas poblaciones con otras.

 

Un mundo de 60 o 70 millones de hombres

No disponemos de cifras seguras a este respecto. Solo algunas aproximaciones son posibles y aceptables en lo que se refiere a Italia y a Portugal, y no demasiado aventuradas en lo tocante a Francia, a España y al

Imperio otomano[193]. En cuanto al resto de los países mediterráneos, la ausencia de datos seguros es casi total.

Del lado occidental, las cifras verosímiles, a fines de siglo[194], son las siguientes: España, 8 millones de habitantes; Portugal, un millón; Francia, 16; Italia, de 12 y medio a 13; es decir, un total de 38 millones. Faltan los países

del islam. Con respecto a la Turquía europea, Konrad Olbricht[195] cree aceptable un cálculo de 8 millones en el año 1600. Dada la habitual equivalencia de los cuadros asiático y europeo en el Imperio turco (con cierta

ventaja del primero)[196], podríamos atribuir también, grosso modo, la misma cifra de 8 millones a la parte asiática de Turquía. Quedaría el norte de África en sentido amplio. ¿Podríamos asignar de 2 a 3 millones de habitantes a

Egipto y al África del Norte?[197] Tendríamos, entonces, un máximo de 22 millones de habitantes para el islam y los pueblos que de él dependían a orillas del Mediterráneo. Lo que daría una cifra global de población de unos 600 millones para todo el Mediterráneo.

FIGURA 33. La población de la Terraferma veneciana en 1548. Según D. Beltrami, Forze di Lavoro e proprietà fondiaria, 1961, p. 3. La densidad se ha calculado por regiones muy vastas. El dogado es el territorio inmediatamente en torno de Venecia que ella poseía antes de la conquista de su Terra Ferma.

 

En estos cálculos, la primera cifra de 38 millones es relativamente segura; no ocurre lo mismo, por supuesto, con la segunda. Pero la evaluación de conjunto debe considerarse verosímil. Me inclino a disminuir la cifra del primer grupo y aumentar la del segundo. De las comparaciones demográficas a través del tiempo se desprende, en efecto, una proporción válida en términos generales: en el siglo XVI, los pueblos islámicos del Mediterráneo representaban aproximadamente el doble del volumen de la población de

Italia. Si la proporción era exacta en 1850[198], cuando el bloque A contaba con 79 y medio millones de habitantes (Francia 35, Italia 25, España 15 y Portugal tres y medio), el islam, o mejor dicho, el islam más los pueblos

balcánicos, debería de contar unos 50 millones de habitantes[199]. La breve comprobación que he podido hacer me lleva aproximadamente a estas cifras, pero habría que calcular esto de una manera precisa. En todo caso, en 1930 había de una parte 113 millones (42, 41, 24 y 6) y de la otra 83; se mantenía,

pues, la proporción[200]. No hay, evidentemente, ninguna razón para que esta proporción haya sido eternamente la misma, pero, teniendo en cuenta las posibles variaciones, puede llevarnos a una cifra en bruto. Esta medida nos daría para el siglo XVI la cifra de 26 millones de habitantes, que no se aleja mucho de los 22 que ya habíamos calculado para el islam. Es lícito imaginar,

como hace Ömer Lutfi Barkan[201] que el islam mediterráneo cuenta con una población de 30 o incluso de 35 millones de habitantes, pero es un cálculo más bien optimista. Pero si disminuimos la primera cifra y aumentamos la segunda, nos encontraremos con un total de 60 millones de habitantes, lo que me parece —admitiendo un margen de error de 10 %— una estimación aceptable para el final del siglo XVI. ¿Qué consecuencias resultan de ello?

En este mundo de 60 millones de habitantes, la densidad de población era de 17 por kilómetro cuadrado, sin incluir dentro del espacio mediterráneo la zona de los desiertos. Cifra sorprendentemente baja. Había, por supuesto, grandes diferencias entre unas y otras regiones. En 1595, la densidad del reino

de Nápoles era de 57[202] [203] ; la de Campania alrededor del Vesubio, de 160;

hacia 1600, la densidad de población en el área comprendida entre el Tesino y el Mincio, auténtico centro de gravedad de la población italiana, era de 100 por kilómetro cuadrado, y algunas veces, mayor (117 en Cremona y su región; 110 en Milán, incluidos sus distritos rurales y Lodi; 108 en la llanura de Bérgamo; 103 en la de Brescia); esta densidad decrece tanto hacia el este como hacia el oeste (49 en el Piamonte; 80 en la todavía rica región de

Padua…). La densidad media para toda Italia era de 44[204] —cifra enorme—;

en Francia era solamente de 34[205]; en España y Portugal apenas llegaba a