El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

La doble lección de los Imperios turco y español

 

Todo mar tiende a vivir por sí mismo, a organizar sus circuitos de veleros y de barcos en un sistema autónomo: así ocurre en los dos vastos conjuntos marítimos, el occidental y el oriental. Se comunican y relacionan entre sí, pero tendiendo siempre a organizarse en circuitos cerrados; o, si se prefiere, a pesar de las mezclas, las alianzas y las interdependencias, viven sobre todo de sí mismos. En el siglo XVI, este hecho aparece subrayado por la política con una claridad quizá demasiado viva, pero, desde luego, útil. ¡Qué hermoso mapa geopolítico de la cuenca occidental entre mediados del siglo XV y mediados del XVI podría trazarse, señalando con flechas las direcciones antiguas y nuevas del imperialismo hispánico, las posiciones adquiridas y explotadas por él para apoderarse del mar occidental! Porque no cabe duda de que se apoderó de esta región: desde 1559, el mar occidental se convierte sin disputa en un mar hispánico, con el licenciamiento de la flota francesa y el relajamiento de los lazos políticos entre el Rey Cristianísimo y el sultán. El musulmán domina uno de los dos lados, y no el mejor por cierto: el del norte de África. Hacíase fuerte en él por sus corsarios, y su dominación, refrenada por la línea defensiva de los presidios españoles, estaba constantemente amenazada desde dentro y desde fuera. En 1535, Carlos V venció en Túnez; en 1541 llegó frente a Argel, pero sin mantenerse allí por mucho tiempo. ¿No había medio de conjurar esta constante amenaza? El Consejo de Guerra de Madrid guardaba siempre en sus gavetas algún proyecto preparado contra la ciudad de los reis, bastante avanzado y que el día menos pensado podía ponerse en vigor bruscamente. En la época de don Juan de Austria falló por una insignificancia, lo mismo que en 1601, con la brusca tentativa de Juan Andrea Doria.

Simétricamente, el mar Jónico, el «mar de Creta», era el mar otomano. Dueños de las costas de la cuenca oriental después de la ocupación de Siria en 1516 y de Egipto en 1517, los turcos se vieron obligados a conquistar el mar y a crear una poderosa flota.

Tanto en un caso como en otro, cabe preguntarse si uno de estos grandes Mediterráneos provocó, propagó y creó de algún modo este doble imperialismo. Zinkeisen asegura que tal ocurrió en Turquía. ¿Acaso no

ocurrió igualmente en España?[114] Los dos Mediterráneos son, pues, en el siglo XVI, dos zonas políticas diferentes, de signo opuesto. No es de extrañar que, en estas condiciones, las grandes luchas marítimas de la época de Fernando el Católico, de Carlos V, de Solimán y de Felipe II se hayan localizado con tanta insistencia en la zona de confluencia de los dos mares, aproximadamente en su frontera: Trípoli (1511-1551), Yerba (1510, 1520, 1560), Túnez (1535, 1573, 1574), Bizerta (1573-1574), Malta (1565), Modon (1572), Lepanto (1571), Corón (1534), La Prevesa (1538)…