El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Guerras y técnicas

Pero estas imágenes familiares y esenciales no nos ponen frente a todos los problemas que la guerra plantea en el Mediterráneo. Las escenas que nos ofrecen son las de la guerra oficial. Pero tan pronto como se suspende la guerra regular, vienen a ocupar su lugar conflictos secundarios: corso marítimo y bandolerismo terrestre; se trata en realidad de formas de guerra que ya existían con anterioridad al conflicto mayor, pero que ahora proliferan hasta ocupar el lugar vacío, de manera idéntica a como un bosque talado ve sustituidos sus altos troncos por una vegetación degradada de arbustos y matorrales. Hay, pues, diferentes niveles de guerra, y sólo estudiando sus contrastes pueden historiadores y sociólogos mejorar la exposición de los conflictos bélicos. Esta dialéctica es esencial.

 

Guerras y técnicas

 

Las guerras siempre han sido cuestión de armas y de técnicas. El mejoramiento de estas últimas puede cambiar radicalmente el curso de los acontecimientos. Así, vemos que la artillería revoluciona bruscamente las condiciones de la guerra en el Mediterráneo y en todas partes. Por su modo de aparecer y propagarse, por sus modificaciones —pues la artillería no cesa de cambiar—, son una cadena de revoluciones técnicas. El problema está en fecharlas. ¿Cuándo y de qué modo toma posesión la artillería del exiguo sitio que le dejan los estrechos puentes de las galeras?, ¿cuándo da el triunfo a las grandes galeras o galeazos, con su enorme potencia de fuego, primero, y más tarde a los galeones y a los barcos redondos de altas bordas?, ¿cuándo y cómo se emplaza en las murallas y en las plataformas de las fortalezas?, ¿cómo sigue los movimientos de los ejércitos? Se ha producido, sin duda, con la incursión de Carlos VIII en 1494 o con las campañas de Solimán el Magnífico, una brusca y larga fortuna de la artillería de campaña. Se adivinan diferentes edades de la artillería: la de la artillería de hierro, la de la artillería de bronce, la de la artillería reforzada; o, por mejor decir, diversas épocas geográficas de la artillería, según la localización de las industrias productoras. La política de Fernando el Católico se apoya en las fundiciones de Málaga y[II-250] de Medina del Campo, creadas en 1499 y en 1495, respectivamente, pero llamadas ambas a declinar rápidamente: todo el material construido por ellas es empleado en Italia o queda inmovilizado en África o en las fronteras, frente

a Francia.[2] El reinado de las fundiciones de Milán y de Ferrara será mucho

más duradero.[3] Pero pronto corresponderá la primacía a las fundiciones alemanas y a las francesas, y más aún, en lo que se refiere al abastecimiento de España y de Portugal, a las de Flandes. Desde las primeras décadas del siglo XVI se perfila ya la supremacía de la artillería y quizá de la pólvora