El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Recuperación de la pimienta portuguesa

pero no les dio artillería ni los maestros artilleros que necesitaban[90]. En las postrimerías de 1563 se hablaba ya seriamente de paz con los portugueses. Hay cartas que así lo confirman, enviadas el 7 y el 8 de diciembre de 1563 al virrey de Nápoles por un agente de los servicios de espionaje español en Constantinopla, «una persona que tiene por costumbre escribir la verdad», precisa el documento que nosotros hemos consultado. «El embajador de Portugal [precisa el informante] ha negociado la paz con el turco, esforzándose en obtener para los portugueses el derecho de pasar sus mercancías de la India por el Mar Rojo, desde donde podrían llevarlas por tierra a El Cairo, Alejandría y Siria, para venderlas. Pero nada ha sido concertado todavía». El embajador, en efecto, pidió que se le dispensara de la

inspección de aduana, «lo que hasta la fecha no le ha sido concedido»[91].

Aunque no llegase a prosperar, vale la pena fijarse un poco en esta negociación. En este fin de año de 1563, cuando apenas han pasado sesenta y cinco del periplo triunfal de Vasco de Gama, parece repetirse aquí la historia de la también infructuosa tentativa veneciana de 1527. Significa el triunfo del Mar Rojo, la revancha de Venecia y del Mediterráneo.

 

Recuperación de la pimienta portuguesa [I-733]

 

No sabemos en qué condiciones se terminó la guerra del océano Índico. Tal vez la respuesta se encuentre en Lisboa. De todos modos, no terminaron en esta guerra, ni mucho menos, las desventuras del comercio portugués.

En Europa, las revueltas de los Países Bajos alrededor de Amberes causaron a Portugal, forzosamente, enormes perjuicios. A partir de 1566, la casa de los Welser, en relaciones con este reino, sufre grandes trastornos a causa de las especulaciones, principalmente en torno de la pimienta y al comercio con las Indias en general. Los Fugger pagan las consecuencias de

ello, con Rovalesca, su socio italiano[92]. Curiosas negociaciones se emprenden en 1569, cuya verdadera significación no se alcanza, para

transferir el comercio de las especias portuguesas de Amberes a Londres[93].

Al mismo tiempo las riberas del océano Índico se hallan también agitadas, pero esta vez la intranquilidad parece afectar tanto a los turcos como a sus adversarios. En 1567, cuando se entera de que 40 galeras se están armando en

Suez, Fourquevaux, desde Madrid, las ve ya navegando rumbo a Sumatra[94]. Si el turco logra romper la navegación de las Indias Orientales, «ello afectaría la soberbia portuguesa, y Francia obtendría las especias a mejor precio en Alejandría y en otros puertos de Surya (sic), si no siguieran enviándose a Portugal». En 1568 se anuncia desde Venecia que 20 galeras turcas se aprestan a lanzarse, partiendo de Basora, sobre los portugueses y arrebatarles

la isla de Barheim y sus pesquerías de perlas[95]. Pero ese mismo año de 1558 se subleva Arabia. Se desencadenan largos conflictos, especialmente en el

Yemen[96]. Saltando por encima de los inverosímiles detalles políticos que en torno de este caso se nos brindan, ni siquiera llegamos a saber qué ocurre con Adén, la puerta del Mar Rojo. Hasta 1573 no se restablece el orden, gracias a

aquel Sinan Pachá, a quien veremos más tarde convertido en gran visir…[97]. No cabe duda de que Portugal se aprovechó entonces de las dificultades turcas. Aunque tuviese también las suyas (Goa fue sitiada durante catorce

meses, en 1570[98], y la fortaleza de Ternate se perdió en 1575), vio tal vez disminuir la amenaza de las galeras del sultán. También la importante transformación de la organización portuguesa del comercio de las especias, en 1570, pudo desempeñar, por su parte, un importante papel. En efecto, por el

regimento [99] de 1 de marzo de 1570, el rey Dom Sebastián abandona el monopolio de la Corona en favor de sus vasallos, reforma que algunos, y

principalmente Pires, venían reclamando desde hacía tiempo[100]. Este mismo año, el virrey Luis de Ataide se vanagloria de haber montado tan bien la policía de los mares, que solamente dos naves, y no 16 o 18, como los otros

años, habían podido llegar de Calicut a La Meca[101].

Quizá se inicia un nuevo movimiento de báscula con la medida que adopta Venecia el 25 de noviembre de 1570, autorizando a los extranjeros a llevar especias a Venecia tanto en embarcaciones nacionales como

extranjeras[102]. Pero esta medida pudo haber tenido muchas otras significaciones y es, desde luego, bastante anodina. Pero, muy pronto, la situación se vuelve contra Venecia. La guerra contra Turquía (1570-1573) es, para ella, una dura prueba. Todos sus rivales, los ragusinos, los anconitanos y hasta los marselleses, se aprovecharon de tal contingencia. Las pólizas de embarque expedidas de julio a septiembre de 1573 nos muestran a estos (una vez por lo menos, para Mannlich el Viejo) transportando, de Alejandría a

Egipto, cargamentos enteros de «zimbre» y de pimienta «d’assy».[103] Lo

alarmante, decía un cónsul veneciano en abril de 1574[104], no es tanto la baja de los fardos de seda que llegan a Alepo (a causa de la guerra o, mejor dicho, de la amenaza de guerra con Persia), sino la ruinosa competencia de los mercaderes franceses que pululan después de la guerra. En cambio, no encontramos ninguna queja acerca del comercio de las especias, cuya gran ruta parece que vuelve a ser ahora la de Siria. En octubre de 1574, parte de Venecia una rica nave, la Ludovica, llevando a bordo 150 000 ducados en mercancías. Una tempestad la obliga a refugiarse en Ancona, y los gobernadores de la ciudad, después de inspeccionarla y descubrir su cargamento de cobre, la declaran buena presa, por transportar mercancías de contrabando; se apoderan del barco y de su cargamento y ponen en prisión a

patrones y marineros[105] [106] . Por algunas cartas comerciales de 1574, se ve —aunque sin que poseamos gran información al respecto— que partieron de Siria o anclaron allí varios navíos franceses (30 de enero de 1574), una barca francesa (3 de abril), una nave veneciana, la Moceniga, que se encuentra en Trípoli, primero en marzo y después en noviembre, y la saeta Altana, sin duda de matrícula de Venecia… Todas llevan a bordo corteza de nuez moscada, chotoni, arsénico, algodón hilado, especias, jengibre y alguna que otra caja de

microbolani [107] . El 12 de mayo de 1575, la nave Girarda navega con algodón, peladi, sedas, drogas y especias.

Así, pues, los tráficos de Levante no se interrumpieron, ni en dirección de Siria ni en dirección de Egipto. Sin embargo la pimienta portuguesa gana terreno en el Mediterráneo. Así se desprende con claridad de una deliberación

del Consejo de Pregadi el 13 de septiembre de 1577[108]. Por informes de los Cinque Savii alla Mercanzia, el Consejo se entera de que cuatro navíos han cargado en Lisboa, con destino a Venecia, «una buona suma di pevere» (pimienta), pero cambian de parecer, al enterarse de que deberán pagar en Venecia una tasa de 3 %, conforme a una vieja decisión que data de 1519 (la fecha tiene su importancia), y que gravaba tan solo a las especias importadas de Poniente, pero no a las de Levante. Los navíos juzgaron oportuno demorar el viaje, en la esperanza de lograr la suspensión de este tributo, que fue acordada, a la postre, por un periodo de dos años «considerando que esta mercancía (la pimienta portuguesa) —dicen los expertos— podría tomar el camino de otras plazas en detrimento de esta y de los derechos de salida. Mejor será, pues, en vista de que se recibe poca pimienta de Alejandría, que se otorgue libre entrada a la pimienta del Poniente». Dos años más tarde, Cristóbal de Salazar escribe a Felipe II: «En Alejandría está destruido el negocio y tráfico, particularmente el de la especiería, porque se ha dexado el

camino… [109] ».