El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Capítulo IV. La unidad física: el clima y la historia

CAPÍTULO IV [I-304]

LA UNIDAD FÍSICA: EL CLIMA Y LA HISTORIA

 

… las andanzas de Ulises, sin salir de un solo clima.

J. De Barros, Asia, I, IV, p. 160.

 

A ESE mundo extenso, complicado y mal delimitado que acabamos de describir por tan extenso no se le puede reconocer otra unidad que la de ser un

lugar de encuentro de muchas personas y un crisol [1] de historias. Resulta decisivo, sin embargo, el hecho de que en el mismo núcleo de esta unidad humana, ocupando un espacio menor que ella misma, exista una determinante unidad física, un clima, unificador de paisajes y de géneros de vida. Su significación queda demostrada en contraste con el Atlántico: es una unidad humana, y la más poderosa del mundo actual; también él es un encuentro y una aleación. Pero a esta trama del océano le falta ese corazón monocromo, ese mundo de luz idéntica que brilla en el centro mismo del Mediterráneo, de un extremo a otro del mar de los olivos. De un polo a otro, el océano presenta por el contrario todos los climas de la Tierra.

Este Mediterráneo del olivo, con su clima uniforme, se reduce, sin duda, a las estrechas franjas continentales, a las exiguas tierras literalmente bañadas por el mar. Sin embargo, para volver sobre la unidad, debemos situarnos en este corazón angosto. No creemos que esta sea una falsa maniobra. Si ese espacio no es toda la historia del Mediterráneo, no deja de tener su importancia el que el organismo mediterráneo adquiera su ritmo central en ese núcleo uniforme de vida y de clima, tan particular y tan homogéneo, que constituye la zona a la que corrientemente se califica como «mediterránea». Y es natural que esta presión tenga amplias repercusiones, puesto que registra todos los movimientos que van hasta el Mediterráneo o salen de él. Esas tierras, por muy angostas que ellas sean, circundan toda la extensión del mar. Su clima no se limita, pues, a las franjas que ocupan; es, más bien, el clima de todos los espacios líquidos del mar, y esto, por sí solo, entraña importantes consecuencias. Mundos idénticos se encuentran a orillas de regiones tan lejanas y tan diferenciadas en su conjunto como Grecia, España, Italia y el norte de África; y, sin embargo, estos mundos están animados por el mismo soplo e intercambian sus hombres y sus bienes sin sufrir desplazamiento alguno: estas identidades vivas implican la unidad viva del mismo mar, y son mucho más que una bella decoración teatral.