El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II

Los cereales

La parte principal del suministro de trigo se llevaba a cabo en los propios lugares de su producción, en economía cerrada o, a lo sumo, a pequeñas distancias. Las ciudades crecían a la sombra de los graneros que estaban a sus puertas. Solo las grandes ciudades se podían permitir el lujo de importar de lejos una mercancía tan ponderosa.

 

Los cereales

 

Advirtamos que esos tráficos —tanto si son a corta como a larga distancia — no se reducían al trigo candeal o a los trigos de gran calidad, los que en

Sicilia se llamaban [188] grani forti o grani di Roccella, trigos especialmente densos. En Florencia se distinguían tres calidades: cima delle cime, mezzano y debole. El grano di cima no tenía impureza alguna y pesaba 52 libras por staio, o sea 72.50 kilogramos por hectolitro. El precio, según la categoría, era

de 7, 6 y 5 libras el [189] staio , según la tarifa de 1590. Los deboli eran trigos

débiles del Levante —de ordinario bastante malos—, de los Abruzos[190] o del ducado de Urbino, un poco mejores, aunque la propia Venecia no los usaba; o el trigo que se producía en España y en otras partes en tierras de regadío, agotadas de tanto rendir.

Al lado del trigo, los otros cereales eran pan cotidiano en las mesas mediterráneas; sobre todo, la cebada y el mijo. En 1550 llegaron de la Apulia

a Nápoles 10 navíos cargados de cebada y de trigo[191]. Verona se quejaba en

1559 de una cosecha desastrosa de mijo[192], y proponía vender el que guardaba en reserva a un ducado el staro veneciano. En 1562, a causa de una terrible sequía, se produjo otra cosecha mala; se perdió todo «el mijo, y otros menudos con que se mantiene la pobre gente», explicaba el embajador

español[193]. En los pueblos de Zante solo se comía pan negro hecho con

cebada[194]. Philippe de Canaye comprobó que cerca de Troya, en el Asia

Menor, en las poblaciones turcas, se comía pan de avena, a falta de trigo[195], lo cual, por otra parte, dada la rareza de la avena en el Mediterráneo, era también un lujo. En Córcega, el sustitutivo era el pan de castañas, que la gente llamaba pan de árbol. El arroz, que en el Oriente, lo mismo que en la llanura del Po y en Valencia, ocupaba el lugar que conocemos, era un sustitutivo ocasional. Las legumbres secas, los garbanzos de la intendencia española, o las habas, en especial las de Egipto, de que con tanta frecuencia hablan los documentos de la época, eran considerados también, en el siglo XVI, como un pan de socorro. Alonso de Pimentel, el nuevo capitán de La Goleta, al recibir una cantidad de trigo y de cebada, se lamenta: «¡Qué lástima que no nos